lunes, 29 de junio de 2009

Blogroll comentado VII: El jardín de las paradojas


Asumo que debo dar algunas explicaciones relativas a mi ausencia. Algún improbable interesado en aquellas puede preguntar si, como insinúa Natalio, es el tema religioso el que me ha alejado del blog (y, por lo tanto, de mi supuesto deber con Mary).No me disgusta el tema religioso. De hecho, creo que es el más apasionante y central en la vida de cualquier persona, lo sepa o no (a partir de los 35 años, según Jung, la causa de la mayoría de las neurosis es la falta de respuesta a ese llamado, menos o más oculto, de Dios a todo nuestro ser). Sí creo que es un tema delicado. Un tópico al cual le debemos mucho respeto en la palabra escrita. No estoy de acuerdo, por ejemplo, en que cualquier hijo de vecino opine sobre la validez o no de una Misa por cuestiones litúrgicas; tampoco en que se juzgue a sacerdotes, congregaciones u órdenes religiosas livianamente (mucho menos al Papa). Entiendo que, indefectiblemente, nos erigimos en jueces, incluso al dar lo que creemos es nuestra opinión (que entendemos concordante con la doctrina de la Iglesia, por ejemplo). En este sentido, creo que Natalio es un ejemplo de moderación, respeto y prudencia. Pero también creo que juega con fuego (esto lo hemos conversado en incontables ocasiones). La cuestión es larga y ardua y prefiero solamente bordearla.

Ahora quiero saldar un tema pendiente y decir dos palabras de presentación al jardín de Mary.

Me costó mucho la primera experiencia de lectura. El título del blog, sus símbolos y sus formas tenían, para mí, una sola referencia: El jardín secreto de Frances Hodgson Burnett, la genial escritora norteamericana de origen británico. Esta obra (como, creo, todas las del último período de esa autora) respeta al dedillo el manual de la sociedad teosófica: una sociedad secreta fundada por Madame Blavastky que ha tenido y tiene gran influencia en la mutación de la crisis de nuestro siglo. Sus creencias (que forman, como es obvio en este tipo de sociedades, un cuerpo al que solo unos pocos han tenido acceso por medio de una revelación) son un remozamiento que incluye variados elementos de la gnosis, de la cábala y de las sociedades secretas norteamericanas de comienzos del siglo XIX. La meta es el conocimiento de la sabiduría divina. Al igual que Heráclito, creen que mediante la fe (en lo que transmiten los iluminados y los avanzados, en su caso) y el autoconocimiento, se llega a conocer la realidad toda, la verdad divina. El camino, entonces, es un camino de revelación personal y paulatina. Lo nefasto de la teosofía es que la simplificación doctrinal (que la aleja, por ejemplo, de la cábala) la convierte en un pasto tierno para gurúes, cienciólogos, pseudo místicos, referentes de la autoayuda, pseudo filósofos, psíquicos, etc. Su ámbito de influencia llega más allá de lo que podamos imaginar. Con un poco de disciplina y autoconocimiento Ud. puede ser feliz, liberar toda esa energía negativa que tiene escondida y convertirse en un ser luminoso. Dicho de otra forma, calman el apetito de lo divino que tiene todo nuestro ser con una religión a medida de la época y las circunstancias. Una religión del mundo.

La teosofía tiene, además, otras características y son su lenguaje de símbolos -casi infantil- y un ambiente de bruma y luces difuminadas que nos sitúan en un plano de fantasía. El jardín secreto es eso, el camino de autoconocimiento y revelación de un hombre (representado por la niña Mary Lennox) por donde llega a la verdad fundamental. Cada personaje, cada elemento narrativo, tiene una función. El clima de toda la obra, que nos sitúa en un lugar de fantasía, favorece el tipo de catarsis suave y luminosa que pretende aún hoy esa sociedad secreta.

Entienden ahora por qué me costaba entrar en el blog de nuestra amiga Mary. De hecho, le reprochaba a Natalio su lectura, hasta que entré y quedé maravillado...

Si bien es cierto que Mary, por usar de referencia esa obra (que, de hecho, entiendo como una gran creación literaria) adopta símbolos, reglas y formas que son propias de las creencias de Hodgson (es curioso, pero también se llamaba Hodgson el principal enemigo de esta doctrina en vida de Blavatsky), también es cierto que ha transfigurado todo. Ha dejado lo malo y ha transfigurado lo bueno con su Fe, su inocencia (que es obvia) y con su sólida formación filosófica y teológica.

Mary ha creado un mundo de fantasía. Un espacio que tiene sus reglas, su gente, su clima, su topografía. Un mundo que parece desgranarse en la palma de la mano. Es imposible no salir contagiado de su bruma luminosa (nubes que, aquí sí, dejan ver la verdadera Luz de todo hombre). Su estilo poético y británico exigen de este blog un poco de paciencia. No es un blog que se pueda leer en un descanso de diez minutos de la labor diaria. Hay que entrar a su mundo, estar, dejarse llevar y luego empezar a disfrutar.

Mary tiene sus autores de preferencia en materia teológica, filosófica y literaria (no las enunciaré aquí; si ud. quiere descubrirlas, entre en su jardín); también tiene sus tópicos favoritos. Esas preferencias de autores y tópicos (tan lejana a la teosofía, tan rica y delicada a diferencia de esa doctrina) no son una gran originalidad. Sí es original su combinación y puesta en escena con un estilo tan poético y tan esencial.

Kierkegaard (y con su mención develo, sin quererlo, una preferencia de Mary) es el primer pensador que analizó al detalle una peculiaridad de la tragedia que puede simplificarse así: toda obra trágica recurre a la historia porque de esa forma el lector/espectador logra una identificación mayor con el héroe, se siente vinculado a él y experimenta en su propia carne los sucesos que a éste le acaecen (una comprobación fácil y tosca es el recurso "hollywoodense" de incluir la frase: "basada en hechos reales" al comienzo o final de alguna película, lo que emociona mucho más al desprevenido espectador). Esta peculiaridad podría ampliarse a toda obra dramática en general y, por lo tanto, a cualquier relato profundo de vivencias humanas. Trasladado al ámbito "blogístico" (disculpen el sinfín de licencias de todo tipo que me tomo), entiendo que cuando el autor de un post escribe desde su experiencia personal o desde el ápice de su alma, el lector lo siente. Y no sólo eso; el lector sabe que puede salir transformado.

Mary transforma de muchas maneras, pero hay un tema en el cual hace pie que la pinta de cuerpo entero: la amistad. Mary (es curioso llamarla así pero no sabemos su nombre verdadero; es curioso, también, que parte de la obra de Kierkegaard se perdió debido a la multitud de seudónimos que usaba) tiene buenos amigos (concretamente, una buena amiga, según parece) y eso se nota. Es muy difícil encontrar el verdadero concepto de amistad vivido y transmitido como ella lo hace; una amistad bañada por el Amor Todopoderoso.

Y Mary busca que sus lectores sean sus amigos (en un grado distinto de relación), ese es su secreto. Por eso no agrede, no juzga, no ataca. Por eso es optimista, inocente y luminosa. Por eso tiene siempre abiertas las puertas de su jardín.


Gregorio Santopoco


miércoles, 24 de junio de 2009

Primer año del blog: balance, cambios y propuestas




Se cumple un año desde que comencé con este asuntejo del blog y muchas cosas han pasado desde entonces.

Es una buena ocasión, entonces, para intentar un balance, anunciar cambios y proponer algunas cosas.

Balances

Temática

Comienzo por lo más criticado. Desde que nació el blog hasta ahora hay un hecho que me llama muchísimo la atención: no logro que mis hermanos y amigos lean lo que escribo. Al comenzar el año pasado con esto, las pocas personas que sabían quién, cómo y por qué escribía comenzaron a leer el blog. Incluso comentaban y opinaban aquí mismo o personalmente. De modo progresivo mis amigos más cercanos y mis familiares fueron dejando de leer el blog hasta llegar al día de hoy donde casi nadie de mis círculos familiares lo lee.

¿La razón? No es una sola, son varias. Sin embargo se pueden resumir en una: la temática del blog.

Unos miran lo de los judíos o la liturgia y piensan: ¿cómo puede ser que estuviera tan desquiciado y yo no lo sabía? Otros directamente fueron a plantearle el problema a mi mujer, diciendo: "se volvió completamente loco, necesita ayuda". Mi mujer asiente con una sonrisa mientras piensa: "no puedo decir nada porque sabía con quién me metía..."

El asunto es que el blog se ha tornado demasiado religioso y, aún en este ámbito, demasiado "particular".

No quiero engañarlos. Dudo seriamente que se aparte de esa temática. Cada día me interesa más el tema religioso, el tema de Dios, el tema del hombre con relación a Dios, el Bien y el mal, las religiones, la liturgia, etc. Lo que no incluya en algún punto estas cuestiones me resulta "intelectualmente aburrido". Y el blog es el ámbito para charlar y plantear cosas que no puedo conversar con nadie más que mi paciente y dulce esposa y, ocasionalmente, con algún que otro amigo.

De todos modos, en el otro blog mantendré la amplitud temática y hay también en las propuestas algo para paliar esta situación.

Amigos

Así como les conté que no logro que mis más cercanos lean o se interesen por el blog, lo más lindo ha sido la cantidad y la calidad de amigos (la mayoría todavía a nivel virtual) que he cosechado.

No los voy a nombrar aquí porque son muchos y todos saben (lectores y amigos), quiénes son.

A todos ellos quiero decirles que, en lo personal, esto es lo que más me gusta de la experiencia blogística: el haber encontrado (porque, curiosamente, a algunos resultó que ya los conocía) amigos con quienes charlar de estas cuestiones con muchísimas afinidades y algunas disidencias constructivas.

Mis respetos agradecidos para ellos que han transformado un lugar insípido en algo agradable e interesante.

Positivo

Un punto saliente del blog es que ha cumplido su objetivo de ser un espacio de diálogo constructivo entre los diversos costados o aristas del mundo religioso: desde lefes a progres, modernistas y conservadores, religiosos a seculares, clericales y anticlericales pasando eventualmente por amigos no católicos todos pueden charlar y debatir en un clima de cordialidad y respeto sin por eso mezclar o "chirlear" la verdad.

Deudas

Me quedan como pendientes el retomar el "blogroll comentado" que opera como punto de partida de visiones y perspectivas para los diversos problemas.

También en el debe figura el retomar el uso de películas, obras musicales, obras literarias o cualquier otro disparador artístico para afrontar temas universales. Al comienzo esa era la tónica que se fue diluyendo al aproximarnos a estos días.

Desde lo estrictamente personal, lo mejor y lo peor del blog es lo mismo: me aparta de mis tareas (prácticas, teoréticas y académicas) cotidianas. Esto hace que me cueste darle continuidad y periodicidad a las entradas. Creo que anduve rondando el promedio de un post por semana (en los últimos tiempos con innumerables aportes agradecidos desde el Athos) que me parece una buena medida que intentaré mantener.

Cambios

Cabecera y colores

El primero es estético. Se cambia el encabezado por uno que, a su modo, refleja un poco el paso del tiempo y el crecimiento del blog. En la misma tónica intentaré darle un poco más de claridad a los colores en general.

Seguidores

El segundo tiene que ver con los "seguidores". Al comienzo no me gustaba ni interesaba esto de los "seguidores" y menos su anuncio: "presume las personas que siguen tu blog". Pero de la experiencia del otro y de otros blogs he comprendido que no se trata sólo de que los demás vean cuántos te leen. Se forma una suerte de comunidad virtual donde uno distingue sitios de interés por intereses comunes con amigos. Más de un blog lo he visitado "sólo" porque algún amigo lo seguía. Por ello, he decidido hacer públicos los pocos seguidores que tiene este humilde blog.

Propuestas

La vuelta de Gregorio

La primera tiene un destinatario con nombre y apellido: Gregorio Santopoco. El primer y único colaborador hasta el momento es uno de los que se ha apartado por la cuestión temática: la cuestión se ha tornado "demasiado religiosa para su gusto". La propuesta es: varíe usted la temática. Vuelva a escribir sobre literatura y moral, literatura y psicología, psicología y moral. A los lectores les digo: requieran su intervención, tiene mucho para dar... (además del ya esperadísimo comentario sobre el Jardín de Mary).

Participación activa

La segunda tiene un destinatario principal y varios secundarios. Dado que el blog ha traspasado el ámbito personal para convertirse en una comunidad de ideas e intereses propongo a los amigos que participen activamente en la publicación de post. A aquellos que ya tienen blogs pero que por la temática o el tono o el público no pueden expresar ciertas ideas los invito a utilizar este humilde espacio. Y a aquellos que no tienen blog les invito a crear una identidad (real o ficticia) y publicar directamente. El destinatario principal como podrán imaginar es el Athonita que lo hace de hecho, pero se extiende a todos los amigos con o sin blogs.

Salterio comentado

La tercera es otra idea personal que hago extensiva a la participación de los amigos. Tenía pensado comenzar una serie de post basada en comentarios, meditaciones, oraciones, etc. a partir de los salmos. Es decir, transmitir mis ideas y sensaciones al leer y rezar algo que tanto me gusta como los salmos. En este rubro también invito a tomar cualquier salmo (alguno que en particular les guste o ir siguiendo el orden) y a comentarlo, meditarlo, etc. en este blog.

Por último, aprovecho el aniversario para saludar a todos aquellos lectores anónimos, ocultos y silenciosos que leen el blog sin comentar nunca o haciéndolo en alguna esporádica ocasión.

Quien necesite invitación para hacer reclamos, sugerencias o acotaciones sobre el blog hable ahora o espere hasta el próximo aniversario.

Respetos

Natalio


sábado, 13 de junio de 2009

Hic et Nunc (en el Athos)

Poesía y prosa desde el Athos para festejar el Corpus.

Natalio




El Antídoto al Plan B2

Si uno no halla el modo de esconder un elefante en medio de una congestionada calle peatonal de la ciudad, y no claudica en la intención de querer efectivamente hacerlo pasar desaper-cibido, cuenta con una sola solución: largar en manada cientos de elefantes a la misma calle.

El ejemplo es trillado. Pero más trillado que el ejemplo es el empleo práctico de este consejo de hábil ilusionista. También nuestra fe se las tiene que ver con enemigos — visibles e invisibles— que procuran despeñarnos o disimularnos algún artículo de Fe.
Una de las colosales empresas en que lleva embarcado por siglos el Enemigo es lo que en su carátula llama: “plan B al ateísmo”.

Claro está: el plan A es hundir al Hombre en la certeza o al menos fuerte sospecha de que no hay Dios. Y tuvo sus temporadas exitosas. Pero como toda mentira, sus cortas patas fueron alcanzadas por la inteligencia y honestidad de los hombres que no pudieron resistir por mucho tiempo el ingenuo mito de un mundo auto-inventado, autosolvente y azarosamente organizado.
Por activación automática entraba en escena el plan alternativo, el plan B: si no logras que los hombres nieguen a Dios, llénalo de dioses. Largo y fatigoso sería deshilvanarles la larga historia de los panteones con que los antiguos poblaron su fe de divinidades. Pero el Padre de las patas cortas lo sabía muy bien: poco puede la razón resistir la absurda idea de infinitos diversos; el politeísmo agravia burdamente a la lógica más elemental.

Por eso llevaba largas eras testeado en laboratorio y conocía finalmente la molesta luz del día, el efectivo y aceitado plan B2: si no logras que lo hombres nieguen a Dios, y si no logras llenarles la calle de dioses, esmérate con orfébrica parsimonia en arraigar en tu paciente —diría Lewis— la convicción de que Dios está en todas partes.
Bien podemos imaginar la carta del diablo a algún inexperto sobrino, instruyéndolo sobre la aplicación del Plan B2:

Que Dios está en todas partes es una Verdad irrefutable, indestructible. Y bien aprovechada ofrece incontables beneficios para nuestra causa. (De paso te explico que las mentiras en estado puro son casi siempre estériles o de una vida útil insignificante. Los humanos me saben Padre de la mentira, pero suelen ignorar un título nobiliario que porto con mucho más orgullo: ¡yo soy Padre de las verdades a medias! Y vaya si éstas cuentan con patas más ágiles y largas...).
Pues bien: machácale sin temor esto de la Omnipresencia divina. El Hombre es un pobre sujeto unifocal. ¿Qué significa esto? Que a diferencia de nosotros —ángeles— no puede fijar la atención en más de un lugar a la vez. La debilidad atencional del Hombre es de las fisuras más interesantes a explotar en el tercer milenio (donde se da una sobreoferta informativa y un consiguiente déficit de aquel único destinatario posible de toda información: la atención. Estamos ya cercanos a un prometedor default atencional).
Pero no quiero distraerte con esta cuestión macroeconómica. Vamos a tu cliente:
Acéptale que tiene un Dios. Incluso, que tiene un Dios que no se desentiende de él. Que cumple con aquel meloso “yo estaré con ustedes hasta el fin del mundo”. No le ataques estos puntos. Déjalos y no desesperes. Verás cuán útiles pueden llegar a sernos con un poco de ingenio. Promuévele esta supuesta piedad antimaterialista y profundamente espiritualosa. Que diga muchas veces al día, con mano amplia sobre el pecho: “yo soy muy creyente, creo mucho en Dios”. Déjalo. Lo crucial es que cada vez que él diga la palabrita “Dios”, tú te esmeres con prontitud en adosarle al oído: “el diosito que está en todas partes” (no sabes cuánto erosionan y devalúan los diminutivos y qué fácil es filtrárselos alegando cariño, afecto o incluso “parresía”...).

¿Qué ocurrirá con este hombre?
Jamás profesará el ateísmo. Su certeza en un Dios omnipresente será férrea. Y aunque algunas veces intente vincularse a Él, el estrabismo con que intentará enfocarlo en sí o cabe sí, o ante sí lo terminará mareando y desgastando de tal modo que finalmente claudicará de dar con Él y se conformará con saberlo más o menos presente. Al final se confiará vagamente en vivir “bajo la sombra protectora” del Dios que nos cuida a todos (puedes tú ayudarlo a darle forma a tres o cuatro variantes más con que formular píamente esta suerte de “Dios-amplio-espectro”).
Si flaquea y lo descubres tratando de “ubicar” a su Dios, debes tener muy a mano toda tu artillería. El tiro más sencillo es ponerlo en ridículo (hacerlo sentir interiormente así): ¿cómo Dios va estar aquí o allí? Ni en un libro ni en una imagen ni en un ministro; menos que menos, en objetos más ramplones aún como el agua, el aceite, el vino o el pan... Alúmbrale con fulminante agudeza —cuanto en su cabeza cabe imaginar— la inmensidad de Dios. Peligroso, ya lo sé, pero a nuestros efectos verás cuán efectivo. Estírale su diminuta imaginación para que, pensando en las dimensiones de las galaxias y los billones de nidos de galaxias que hay, y todo ello en la palma de la mano de su Hacedor, se sienta ridículo, precámbrico, arcaico, pensando que Ese Hacedor pueda estar de cuerpito gentil en algún preciso lugar interno e ínfimo de su propia obra (“preciso lugar”, insístele con lapidaria lógica, significa que aquí sí, y más acá no. Preciso significa acotado, delimitado). Fácilmente lo harás sentir adulto, un creyente maduro, insistiéndole que es una concepción astringente reducir Su presencia a las iglesias y oratorios, cuando Él está en el corazón y en todas partes. (Te recomiendo varios posters que pueden ayudarte en esto: esos de hermosos paisajes donde una flor o una piedra dicen: yo, el Señor tu Dios, estoy contigo). Reoriéntalo a esta vinculación etérea y cósmica, que —como ya te dije— se desvanece sola, cual humo al soplo del viento... y tu cliente vivirá el resto de sus días confesando su convencida religiosidad, pero en los hechos —que es donde se juega la única batalla que nos compete— efectivamente desvinculado de nuestro Enemigo.

Hasta ahí, el Diablo a su sobrino.
Avancemos nosotros dando vuelta el tapiz, para contemplar del derecho la preciosa trama de esta Fiesta del Corpus Christi, que entre medio de sus incontables luces nos susurra la más simple y bella y buena de las Noticias: Yo estoy “aquí”.
Las tres palabras aportan un tesoro infinito, ya lo creo. Pero solemos abrir con más frecuencia las arcas de las dos primeras, disfrutando y ponderando las joyas —divinas y humanas— de la identidad misma de nuestro Señor (Yo), y de su real existencia, pues no es un mito y ha vencido a la muerte y por tanto vive para siempre (estoy).
Pero ambos cofres sin el tercero corren el riesgo de evaporarnos el foco, el vínculo, el injerto real, el cara a cara.
La Fiesta de Corpus es Fiesta del “hic et nunc”, del aquí y ahora.
Es la abrumadora e irreparable pulverización del maldito Plan B2...

Esta Presencia Real es de un modo absoluto el regalo más grande que nos ha dado Dios en su Hijo Jesucristo. (Es bello y sugestivo que en algunos idiomas la palabra ‘obsequio’ admita como sinónimo ‘presente’). ¿Qué nos ha regalado Dios en la Eucaristía? Una coordenada para el encuentro. Una concretísima cita en la intersección precisa donde el aquí y el ahora se cruzan en el instante actual, configurando la casi inasible, la casi inefable maravilla de lo que –balbuceando- denominamos con el verbo “presenciar”: hacerse presente ante lo presente.

Jesús en la Eucaristía zanja la aporía oracional más compleja de resolver: la atención. Nos regala el poder hacer foco. Y nos imanta desde un denso Centro “recogiendo” en Sí toda la dispersión mental y cordial de que somos capaces.
Si es por el eje espacial, concentra en ese delimitado y configurado lugar —la Hostia consagrada— todos los rincones de su Palestina natal, todas las escenas evangélicas que hemos conocido y todas las demás escenas —cuadro por cuadro— de su Vida que no fueron registradas, que no cabrían en todas las bibliotecas del mundo y caben, cómodamente, en la diminuta y demarcada parcela eucarística.
Si es por el eje temporal, lo mismo: todo el tiempo pasado se acumula, cual agua de río en un dique, en las entrañas de este Pan sin fondo. Y todo el tiempo futuro, ya está domesticado en su interior. El Suyo y el nuestro.

Por eso la Eucaristía y su milagro atencional, conforman una suerte de embudo de doble boca: recoge en un solo y estrecho centro toda nuestra dispersión y la vuelve a derramar, en amplitud y diversidad, sobre el ilimitado Mundo de Dios. Por una sola puerta estrecha. Haciendo siempre foco sobre una sola Realidad.

Es la cumbre del ingenio divino, ofertando un ahorro y concentración atencional único: el Todo concentrado en un punto.
Un auténtico Aleph, diría Borges.
Un auténtico “Armario” diría Lewis.

En fin. También hay que avisar que la Batalla final en este Combate de Reinos, aún no ha sido librada. Y que el astuto Enemigo, ante este eficaz antídoto al Plan B2, cuenta ya con un aceitado plan C, mucho más sofisticado aún. Y por cierto, muy complejo de desactivar (lleva la Iglesia al menos 40 años intentando dar con el antivirus). Y consiste básicamente en que, si no se ha logrado apostatar al Hombre de la Eucaristía, aún queda un salvataje: que el Sacramento pierda su centralidad; y no sólo en los libros, en la pastoral o en la piedad: ¡en los templos!
¿Osado? Tal vez... pero posible.
Sácalo del centro. Llévalo a un rincón; a un camarín lateral o como quieras llamarlo. Limítalo a ser el centro de una Celebración, con principio y fin. Acótalo. Que su protagonismo empiece y termine con la Misa. Remarca con doble subrayado el “vayamos en paz” de la Misa, para que caiga un pesado telón sobre este Misterio y quede desenfocado tras bambalinas hasta nueva función. En lo posible: que al entrar a las iglesias, no se sepa bien dónde está, si es que está... ¿Pero cómo —objetarán a coro legiones de sobrinos— tras no menos de 1300 años, va a ser factible quitar del centro y eje de las iglesias católicas al Sagrario?
¿Que no es factible? Ay, diablos de poca fe... refunfuñará y reirá con sarcasmo Satán.

el Athonita.

CONTRATIEMPO

Extranjero
Te han llamado.
Único, Foráneo, Ajeno arriesgaron.
Eterno incrustado en el tiempo.
Gólgota siempre de nuevo.
Aporto yo mi desvelo
Que es percance y desatino:
Ante tu Pan terreno y tu divino Vino
No veo que el tiempo se detenga
Ni que el Cielo inaugure su prebenda.
Más bien -y me descalzo de verdad-
Cuando a tus pies entrego mi instante
Y éste contacta tu tempoeternidad
El ordenado fluir de los momentos colapsa
Y el Cronos invierte su secuencia
Huyendo sobre su propia huella
Hacia el Origen hecho Meta.
Y yo comienzo a ver desfilar
Primero lento y luego en veloz celeridad
Mi ayer, mi juventud, mi infancia y nacimiento
Mis ancestros, más raíces, de infamias y aciertos.
Concilios, papados, reformas, cruzados,
Espadas y remos, sandalias y ruegos;
Las llagas de Francisco, arrobos en Duruelo,
Cuevas y éremos y Padres del gran Yermo...
Y cuando lo voraz comienza a amainar
Sé que está ya pronto el último puerto:
Y abriéndome paso entre el gentío
Llego a los pies de Tu Madero
A beber -en su Fuente- el calmo Río.
Y allí se agolpan, llegando tardíos
Uno a uno, los momentos hasta aquel más lejano
En que me hinqué callado
Ante tu Pan y ante tu Vino.

el Athonita

martes, 9 de junio de 2009

San Roger


Sabrán disculpar los lectores pneumáticos, casi angelicales; los elevados; los culturosos y los intelectuales lo prosaico del post. Ya seguiremos con la secuencia del mal y la naturaleza pero vamos a hacer una parada deportiva. Como para que no quede tan llano, vamos a intentar utilizarlo como trampolín para acercanos un poco al Bien, como quería el Coronel (recomendando lo de Ens).

Roger es genial, definitivamente.

Generalmente cuando se busca lo mejor en alguna disciplina hay que tomar los libros de historia y husmear en épocas remotas. Roger nos da la posibilidad de decir: "yo viví en su época", "yo ví sus partidos en directo" y se lo podremos contar a nuestros nietos.

Porque es, a mi entender (que vale poco en razón de mi corta edad), el mejor de todos los tiempos.

Si uno analiza un poco la cuestión se encuentra con que Gaudio tiene mejor revés, Rodick saca mucho mejor, Nadal lo aventaja en estado físico, Djokovich tiene mejor derecha, etc. No obstante él es mejor. Porque todo lo que ellos tienen particularmente él lo tiene junto y a nivel de excelencia. Porque mientras los otros tienen días... el roza la perfección en cada partido. Y eso es también lo que lo distingue de los próceres de la antigüedad, juega con una justeza y perfección en cada una de las superficies propia del especialista.

Y esto me recordó también las discusiones en lo de Terzio sobre los santos y la santidad, que ya recomendé en el otro blog, a propósito del cómico y certero post sobre la presunta canonización de un banquero.

Campeaban en los comentarios (no en Terzio que, como en todo, siempre parece encontrar el equilibrio) los dos extremos: el santo es una cosa descomunal, tan inalcanzable que para que intentarlo, habitante de otras tierras y otros tiempos etc.; o el santo es (y tiene que ser) uno como vos y como yo, alguien normal, alguien que no escapa de las generales.

Y yo creo que no y no.

El Santo (me refiero al canonizable) o es extraordinario o no es Santo.

El Santo no es "alguien común" porque no sería imitable en ese caso. Si apunto al medio estoy condenado a pegarle bien abajo, mejor apunto alto para ver si me acerco al centro.

Tampoco el Santo es un extraterrestre que no tiene pasiones ni tentaciones. No es un angelito caído del Cielo que anda imperturbable en su camino a la santidad. Porque así tampoco sería imitable (además de que no tendría gracia ser santo si nació santo).

El Santo es el que, naciendo y viviendo en condiciones análogas a las nuestras (con temores, tentaciones, pasiones, etc.), supo encaminar todo a Dios en grado heróico o sublime. Supo hacer extraordinario lo ordinario (parafraseando a Santa Teresita y a San Francisco de Sales).

El Santo es un extraordinario, un fuera de serie, que vive entre ordinarios. Es el que se dejó modelar de tal modo que dejó de ser uno "como nosotros".

Y si me permiten mi pedestre analogía, es como Federer en comparación con el resto de los tenistas del circuito.

Juega a lo mismo que todos en las mismas superficies, pero mientras los otros lo hacen a veces mejor y otras peor, él roza siempre la perfección.

Por eso es el mejor. Por eso mi humilde homenaje.
Y antes de terminar, traigo a colación un párrafo de Borges, que siempre me ha taladrado la cabeza, relativo a la santidad y el martirio. Desde el comienzo sabía que esto no era así, pero nunca podía encontrar la tecla exacta del error. Un día me la hicieron entender y tiene mucho que ver con la naturaleza y esas cosas... pero ya llegaremos a eso.

Mientras tanto, los dejo con Deutsches Requiem:

"Al fin creí entender. Morir por una religión es más simple que vivirla con plenitud; batallar en Éfeso contra las fieras es menos duro (miles de mártires oscuros lo hicieron) que ser Pablo, siervo de Jesucristo; un acto es menos que todas las horas de un hombre".

Natalio

lunes, 1 de junio de 2009

¡Sopla los huesos para que vivan!

El Athonita (con su permiso, espero) viene a sacar de su letargo al blog en que enfermedades (más!!!, esto de los hijos....) y el laboro lo habían enfrascado.

Viene con Pentecostés muy a cuento de varios temas del blog, el último, los judíos y sus fiestas, el recurso a la literatura para el Coronel, etc.

Respetos.

Natalio

Pentecostés es Fiesta de origen judío. Como casi todo lo que hereda el cristianismo. Sigue siendo un ‘punto’ muy escurridizo, difícil de afinar, ese sutilísimo desafío por asumir lo antiguo y llevarlo a su plenitud. Ni tirarlo por borda, como pretendían algunos, ni simplemente darle continuidad o salpimentarlo con el bello ejemplo y enseñanza del Rabbí Jeshuah. Ni lo uno ni lo otro: el desafío es, sin recortarle ni coma ni tilde, asumir la transformación íntegra y diametral de todo el bagaje de la Ley Vieja.
Complicado, sin duda. Es un típico “sí pero no” tan propio de lo cristiano.

Lucas, o mejor dicho, la Sapiencia y Providencia divinas, podrían haber optado por cualquier otro día la efusión del Espíritu Santo, que Jesús resucitado venía prometiendo, incluso antes de su Pascua.
Y no: había de ser en fiesta judía. Y bien prevista. Para que sobre su “materia” pudiera nimbar la Voz del Maestro rugiendo su melodioso “a vosotros se os dijo... pero yo os digo”.

¿Qué era el Pentecostés judío? Es el Shavuot, la Fiesta de las Semanas, que se festeja una semana de semanas (7x7) después del Pesaj, la Pascua. Y más allá del origen agrícola (coincidía con el final de la cosecha, iniciada con la Pascua), ya en tiempos de Jesús tenía un corte más cultual y de ejercicio espiritual. Así como la Pascua hacía memoria de la liberación de la esclavitud en Egipto y el prodigioso cruce del Mar Rojo, a los cincuenta días, el epicentro conmemorativo se hará en torno a la entrega de las Tablas de la Ley a Moisés en el Monte Sinaí. Es la Fiesta de la Torah, la Fiesta de la Ley.
¡Dios ha tenido a bien no librarnos a la buena de la ceguera y capricho del Hombre, a la buena del desierto sin demarcaciones; no. Dios nos ha regalado una hoja de ruta, nos ha entregado Su Ley!
Y eso celebraban y repasaban los judíos cada año para Pentecostés. Entre medio de un gran despliegue folklórico, de ofrecimiento de dones (los frutos de la cosecha) y gran jarana popular, lo central y más serio del asunto radicaba en que desde la mañana hasta la noche todos los rabinos, ante multitudes peregrinadas a Jerusalén, les recordaban la Ley. No sólo el Decálogo, claro, sino con minuciosa parsimonia, repasaban una por una, toda la normativa vigente. Los 614 preceptos. Y el judío observante, aprovechaba la ocasión anual para renovar desde lo más profundo de su espíritu el propósito, la “determinada determinación” por tratar a los manotazos de cumplirlos...

Y es en este preciso contexto que hay que instalar nuestra Fiesta. Para que acontezca al modo de esas oberturas, que se inician con estruendo y cierto desorden musical, y en un momento determinado se alinea la armonía y emerge límpida la melodía que ha de traspasar toda la obra.
Así, con los 614 preceptos cacofonando de fondo, llega nuestra semana de semanas, nuestro cierre de cosecha, nuestra Pascua terminada, para celebrar la Ley Nueva, plenitud y revolución de la Antigua.

Fiesta de la Ley debía seguir siendo. Pero no de la Ley de piedra: que se recibe en piedra, se lee desde la piedra y endurece en el corazón como piedra... que se procura con esfuerzos pétreos, se revisa con mirada dura y se machaca a las generaciones siguientes con igual pedregura...
Acabamos de pedirlo en la Secuencia: “flecte quod est rígidum”. Es decir, que venga el Espíritu para tornar maleable, dúctil lo endurecido, la esclerosis espiritual, la atrofiante rigidez.

No más piedra. Es la hora del viento, del agua y del fuego: tres imágenes intensas de lo dinámico, lo vívido que en su torbellino vence a lo estático y rígido...
Dionisio le ha ganado a Apolo.
De chicos jugábamos al “piedra, papel o tijera”: me encantaba cómo el inerme papel le ganaba a la piedra... De igual modo, que el viento y el agua erosionen a inmensos peñascos, en principio inconmovibles, inmutables, es cosa de admirar.
Así el delgadísimo papel-Biblia impregnado de la Voz de Dios, del Soplo divino, nos envuelve el corazón de piedra... y lo puede. Lo enciende y lo derrite.

Es la Hora del Ruah. Y llega para soplar no en cualquier lado, sino sobre los 614 preceptos. Viene a derretir la anquilosada Ley Vieja, Ley pétrea.
Sobre sus alas de águila, nos trae la grácil y graciosa Ley nueva.
Pero, ¿nueva en qué?
Podemos creer con demasiada prisa que lo novedoso es que se termina la circuncisión, la prohibición de comer alimentos con sangre, la obsesión por no caminar más de tantos pasos en día sábado, y tanto otro precepto agobiante. Podemos creer que lo central del “cambio” es cuantitativo: la abolición de los insoportables 614. Una suerte de Glasnost religiosa.

Y no.

Curiosidades o ironías de la vida y de las religiones: pues en el cristianismo vivimos regidos por mucho más que 614 preceptos. Desde el ayuno eucarístico, con minutos y segundos, hasta condiciones para padrinos de bautismo, pasando, claro está, por toda la moral. O la minuciosa normativa de encaje que explica por qué hoy, al coincidir Pentecostés con la Visitación, la segunda queda anulada, sin traslado, ni mención ni nada.
No. La Ley Nueva no es ni menos rigurosa ni menos minuciosa.
Es, más bien, un cambio de textura: papel mata piedra... aire, agua y fuego por tierra.
O para decirlo con menos alegoría: este Fuego divino ha venido a oxigenar la Ley divina transfigurándola en dos cuestiones cruciales: deja de ser un referente externo para pasar a ser un foco interno, autopropulsado.
Es la novedad de una Ley de Dios “activada” en nuestros propios corazones, desde donde arde, sopla, susurra, fluye...
Esa es una de las buenas noticias. La otra: que está límpidamente orientada hacia Dios. No se encorva sobre uno mismo. No corre riesgos de tullimiento, de arremolinarse sobre el propio divague humano: es una flecha encendida, directa, derecha, rajante sobre el Corazón de Dios. Como un girasol, viene “programada” para movernos elásticamente buscando el sol, “coram Deo”.
La Ley nueva viene con “heliotropismo” incorporado...

Es decir: procede de Dios y se orienta a Dios.
Él nos empuja y hacia Él nos empuja. Como se nos anunció recién: “Dios obra todo en todos” (1Cor 12,6).

La gran novedad de la Ley nueva es sin duda ésta: no si son 614 o 1752 los preceptos. Si no que sea Dios mismo Quien los empuja desde lo más hondo de nosotros mismos. Dios no sólo nos “alienta” como un entrenador arenga desde el borde de la cancha a su equipo: Dios nos Sopla su propio Aliento de Vida, para que de modo operativo nos mueva hacia Él.

Sí, Pentecostés es la Fiesta del Aliento mismo de Dios, entregado como Ley. Aliento tibio, vivo, suave, sutil. Pero a la vez —¡qué bellos son los ‘a-la-vez’ del Misterio!— voraz, tremendo, arrollador: capaz de tornar líquida una piedra o mejor aún, capaz de darle forma, de modelarla. La Voz del Señor... mece las casuarinas, retuerce las encinas y descuaja los cedros... la misma, la indómita, la impredecible Voz de Dios.

Si algo se hace añicos en Pentecostés es la enquistada y crónica tendencia del Hombre a la auto-ayuda. Y no sólo desde manuales ordinarios de supermercado: también desde la más sofisticada “dirección espiritual”, puede uno seguir acumulando consignas, propósitos, desafíos a desplegar a brazo partido desde el propio esfuerzo.
Esas “tablas de piedra” o “tablitas de grilla” en que ir tildando día a día mis avances o retrocesos en el gimnasio espirituculturismo, hoy son incinerados al Fuego, al Viento, al Aire divino que sólo nos pide desplegar las velas de nuestra diminuta barca para recibir el empuje divino.

La dicotomía Ley Vieja-Ley Nueva cuenta con otra presentación: un díptico escénico que es central a nuestra Fiesta: Babel-Cenáculo.
Solemos creer que el claroscuro, el contraste, se genera entre la confusión de lenguas en Babel y el milagro del “cada uno entendía en su propia lengua” de la mañana de Pentecostés. La Tradición y la Liturgia acentúan mucho esto.
Y es válido. No obstante —me atrevo a decir— tanto lo uno como lo otro son una suerte de “efecto colateral” del centro escénico de ambos acontecimientos. El epicentro de Babel no es otro que la pretensión humana de construir por sus propios medios el acceso a lo divino, la torre al Cielo. Postal grotesca y patente del cotidiano empeño con que los humanos —de ataño y de hoy— procuramos construirnos la propia santidad, apilando ladrillos sobre ladrillos...
Y en espejo, el epicentro del Cenáculo es la humilde plegaria de María y los Apóstoles, en pura receptividad, en plena apertura, para acoger la efusión del Cielo descendido a nuestros corazones.
Cielo que es Dios mismo.
Cielo que es ley y pulso de Dios grabados en nosotros.
No más piedra sobre piedra. Ha perimido la Era de piedra y se ha inaugurado el Eón ígneo, los tiempos de Fuego y Luz, de Espíritu y Verdad.

Por eso, convenía que el Nuevo Sinaí coincidiera con la antigua fiesta de la Ley, con el añejo Pentecostés. Para que siguiera siendo Fiesta de la Ley: de la incandescente ley de la Gracia soplada en nuestra entraña.

Pero veamos, al cerrar el Tiempo Pascual, el Tiempo de Jesús Resucitado, un detalle más.
¿Quién sopla esta Ley de Gracia? ¿De qué Boca proviene este Aliento divino?
De Cristo.
Desde el Padre, por el Hijo, nuestros corazones petrificados por la estéril Ley del deber-ser, son hábilmente derretidos, para recobrar su ductilidad, su maleable verdor y candor y ser así empujados e imantados por Dios mismo. De ahí que —aunque pueda resultarnos traspolado en la cronología de los hechos— se nos lea hoy el Evangelio en que Jesús sopla sobre sus Apóstoles. Un gesto algo extraño, que algunos pocos íconos muy antiguos han ilustrado: Cristo, el eterno Pantocrátor, con la boca henchida de Pneuma, derramando su Aliento sobre los suyos...

Muchas imágenes se ofrecen —desde el imaginario bíblico o desde la Tradición cristiana posterior— para expresar “esto” tan sutil, tan inefable, tan misterioso. Creo que en esto sí vale decir que es cuestión de gustos. Yo hago público el mío: no hallo en la Tradición una imagen más bella, más elocuente, más ajustada para expresar el descenso del Espíritu Santo sobre los Apóstoles y sobre cada uno de nosotros... que Aslan, el Gran León, Creador de Narnia, Hijo del Gran Emperador de allende los Mares, entrando a paso firme y delicado al jardín de la bruja blanca, donde millones de ciudadanos de Narnia se hallan cautivos, petrificados en forma de estatuas. Aslan ha vencido a la muerte poco tiempo atrás y ahora “derrite” uno por uno a estos cautivos, soplando suavemente sobre ellos.
(Digamos muy de paso, que el Dios Dioniso —nos cuenta la mitología griega— hijo del Zeus inmortal y de Sémele, mujer mortal, apodado también Eleuterio y Baco (libertador y embriagador) cobra, a la hora del combate, la forma de rugiente león...).

Pues bien. La imagen que ofrece Lewis es simple. Es infantil, ciertamente. Pero nos expresa con una exactitud inusual el misterio teológico más hondo: el Espíritu de Jesús, que desciende sobre nosotros, para despetrificarnos. Para devolvernos la ductilidad al Impulso divino: grabando a fuego en nosotros la ley del Heliotropismo.

El Athonita