lunes, 27 de diciembre de 2010

La ley de identidad degeneró en...


El amigo Tito siempre quiere que metamos nuestras pocas neuronas en el lodo de temas complicados; hoy pregunta por la ley de identidad de género y los documentos cambiados. Como se trata de un amigo de la casa (en especial si es amigo de Muret) voy a intentar contarle mi visión de algunos temas que se me ocurren vinculados al asunto.

Me parece que todo es una desproporción mayúscula y una locura generalizada. De todos modos, no es algo que se pueda decir que sea "imprevisible". Como enseñaban los griegos, en materia moral una diminuta desviación en los principios deriva en un abismo en las conclusiones, como flechas que parten de un mismo punto aunque con diferentes direcciones, cuanto más lejos lleguen más distantes estarán entre ellas.

Como en su momento charlamos con relación al matrimonio, el problema del divorcio o del matrimonio gay no está en ellos mismos sino en el matrimonio civil. En un estado que se erige en autoridad matrimonial. En un estado que quiere o pretender formar o performar o deformar la naturaleza.

Aquí también el estado pretende (o los pelafustanes pretenden que el estado pretenda) inmiscuirse en la naturaleza y la realidad. Esto es la potenciación al máximo de un estado de derecho positivista (la ley emanada (en apariencia) de la razón humana, del consenso, de la voluntad general, etc.), si no hay un marco natural, físico o metafísico, la ley y el estado pueden pretender meterse en lo que sea.

Fíjese por ejemplo cuando nuestra presidenta asumió andaba obsesionada con que le dijeran presidenta y no presidente. Y la cuestión no la centró ni la centraron en la corrección de una u otra forma sino sólo en la voluntad. La amenaza fue "si me siguen diciendo presidente voy a sacar un decreto....." como si un decreto o una ley pudiera modificar la corrección del lenguaje (y observe que el lenguaje es algo racional en su expresión).

Es como si mañana el congreso derogara las leyes de la física pensando que por ello vamos a poder atravesar paredes o arrojarnos de una montaña sin lastimarnos.

En este marco entiendo que todo esto de la ley de género y lo de los documentos es una locura. Ni siquiera estoy convencido de la conveniencia de un documento identificatorio pero, lo que si me parece una locura, es que sea fundante de derechos. Entiéndase, una cosa es que la ley o las instituciones tomen elementos y los cataloguen (como ocurría con los matrimonios, los nacimientos, etc.) y otra muy distinta es que el reconocimiento sea "constitutivo" (como es el matrimonio, el documento, etc.).

Un sapo es un sapo por más que salga la ley de identidad de ranas que disponga que mediante un cartel que diga que los sapos son ranas los sapos serán ranas. Y otra cosa muy distinta es que con cualquier fin (eductativo por ej.) le pongamos un cartel al sapo que diga "sapo".

Pero lo curioso es que hasta donde sé no se preveen límites ni requisitos para cambiarse. Es decir, el fundamento puede ser tanto de orden médico (que podría ser el único caso a evaluar aunque por otros medios) como de orden testimonial (todos los amigos que dicen que ramoncito era porrista cuando ellos jugaban al fulbo y mientras ellos se vestían como futbolistas el se ponía un tutú color "avellana"), y yo puedo cambiar mi DNI de mujer a varón y luego de varón a mujer o incluso en un futuro (no muy lejano donde los animales tengan los mismos derechos) de varón a animal o de animal a travesti o de travesti a disfrazado o de disfrazado a "travesti sólo por las noches" o "travesti sólo por trabajo", etc.

Y al tiempo que cambiamos el DNI de Ramón a Paulina la casa que compró Ramón ¿es de Paulina? la ley dice que si pero ¿cómo saberlo? ¿Ud. le compraría una casa a Paulina cuando el dueño es Ramón?

Otra opción es que quitemos el nombre, el sexo y la foto del Dni y que le marquemos a cada uno el número de la best... digo el número del DNI. Y sanseacabó. Hola, me llamo 34676 y vos?

En fin, es simplemente una invitación a pensa,r al paso y muy poco navideña.

¡Feliz Navidad!


Natalio


Pd: Los de la foto son los directivos y/0/u directivas de un grupo de "trans" ATT que están impulsando el proyecto. La verdad no entiendo muy bien cuál es el problema si es todo de lo más normal...






lunes, 20 de diciembre de 2010

Susurro que merece ser escuchado


En general leo todo (en especial en la web) a una velocidad tal que me permita comprender la idea pero que no me detenga un segundo más de lo necesario.

Sólo me detengo cuando la lectura me obliga, por el contenido, la forma, etc.

Este susurro me detuvo. Sugiero para leerlo dejar de trabajar, hacer la señal de la Cruz y meditarlo un rato largo.

Susurros.

Natalio

Pd: el lindo pelícano es foto de Jorge Barrios.

martes, 14 de diciembre de 2010

lunes, 29 de noviembre de 2010

Prohibido faltar (confesión de diván)






Ya hablamos de música varias veces y también hablamos de los baqueanos.

Supongo que cada uno tendrá su propia percepción de las diversas cuestiones de las que hablaré. Hay algo, mucho en verdad, de personal en esto. Por eso este post no será pensado sino directamente escrito de corrido. Es una confesión.

El asunto en cuestión anduvo revoloteando en las discusiones que se originaron en un post sobre la muerte de Ariel Ramirez y, desde otra óptica completamente distinta, cuando discutimos sobre la “suspensión ética” Kirkegordiana (que estuvo más interesante en los comentarios que en el contenido del post). Quizás después de leer esto entiendan por qué me resultaba tan complicado hablar sobre estos puntos.

Las figuras de un hombre superior (en sus diversas versiones negativas o positivas como en Nietzche o Kirk) me resultan metafísicamente infundadas (entiéndase lo de “hombre superior” como una metáfora aglutinante de cualidades y desde la lectura propuesta en el "dudoso" post). Me parecen erradas en su base, aunque terriblemente tentadoras. Esto desde lo racional.

Ahora, cuando me encuentro con un “artista” todo mi espíritu parece comprobar y afirmar visiones del tipo de las del párrafo anterior. Quizás sea el músico trunco que quedó en mi interior o alguna otra cuestión de las profundidades de mi psiquis. Hay algo que se conmueve en lo más profundo y me hace ver como un insecto o, el autocalificativo que más me duele, un burgués.

Se me genera una percepción que cuestiona toda mi vida interior. Se me hace que toda mi vida espiritual e intelectual es una farsa, una caricatura. Veo el camino oscuro y tortuoso mis devaneos espirituales en comparación con una “autopista espiritual” que surge del arte. (Aunque me figuro, ya de nuevo en el plano racional, que la autopista puede conducir con la misma facilidad para abajo o para arriba, en los extremos en los que se encuentran el Caballero Nizcheano o el Caballero de Kirk)

Y el cuestionamiento abarca todo, absolutamente todo. Me parece estúpido hablar de moral, de filosofía o incluso de religión. Siento que es como hablarle de oración a un monje, de fútbol a un futbolista. Mientras uno conoce poco y con dificultad por vía racional y analítica el artista, imagina mi imaginativa imaginación, lo hace por la vía intuitiva, casi que conoce por connaturalidad.

Tanto me afecta el asunto que, a diferencia de lo que debería ocurrir, luego de ver de cerca un artista no puedo tomar la guitarra ni cantar una canción en la ducha. Me siento un idiota. Me siento un niño jugando con palos después de ver el Zorro.

En fin, es algo raro, algo inexplicable. Veo una suerte de “sacerdocio artístico”, un plano existencial paralelo donde lo religioso y lo profano se hacen una misma cosa, una dimensión distinta.

La invitación es para ver un grupo, del cual su director musical (supongo) y primera guitarra (supongo) es un “artista” verdadero: Tomás Alonso (es bueno admirar a un amigo). Por ello, la invitación es a ver al grupo y al “artista”.


Los datos prácticos: Presentación del primer CD "Por Andar Andando" en el teatro "Santa María" el jueves 2 de Diciembre del 2010 a las 21 hs.

PARA CONSEGUIR LAS ENTRADAS:

EN EL TEATRO SANTA MARIA: MONTEVIDEO 842. (4811-6086) http://www.teatrosantamaria.com.ar/

MEDIANTE FACEBOOK: http://www.facebook.com/event.php?eid=163352273695580

MEDIANTE E-MAIL: Los_Baqueanos%hotmail.com


Respetos musicales.


Natalio


lunes, 1 de noviembre de 2010

Happy Halloween: de Terzio a Néstor



En estos días me encontré, casi de casualidad y por el amigo facebook, con el siguiente artículo de Terzio: Halloween. Hay allí una revalorización y justificación de Halloween que, como todo lo del erudito Terzio, resulta interesantísimo.

Nunca me gustó Halloween. La verdad es que poco y nada conozco del sentido y alcance de la fiesta original. Me parece una cuestión medio rara y peligrosa. No tanto por la jocosidad o cercanía con la muerte sino porque, aunque no sé si sea así o no, puede existir algún tipo de culto a la muerte, y el culto a la muerte es el culto al Diablo. Si no hay culto a la muerte no me espanta.

En cualquier caso, me cuento entre los brutos e incultos que Terzio menciona como enemigos de Halloween. Y en función del respeto que la cultura y sabiduría que Terzio me inspira, miraré con menos virulencia a Halloween en lo sucesivo.

Pero hay algo en lo que coincido profundamente con Terzio: se ha perdido una cierta "connaturalidad" con la muerte. La muerte es una cosa extraña y lejana que cada vez pareciera doler y asombrar más. Quizás el hedonismo reinante, mezclado con el notable progreso en el nivel de vida medio y profundizado con un avance en materia de medicamentos y medicina nos han alejado de la muerte y el dolor. Lo que antes resultaba una realidad cotidiana que podía encontrarnos en cualquier esquina (desde un parto a una mínima herida, desde una infección a cualquier afección respiratoria, etc.) hoy es algo lejano y terrible.

Y esto ha cambiado profundamente toda la filosofía, e incluso la teología, en torno a la vida y la muerte. La vida ha sido erigida en un fin en si misma. Pasó de ser un medio, un instrumento, a una finalidad. Y en esta dialéctica tramposa (a la cual, desde la filosofía, Kant pareciera haberle dado su certificado de ciudadanía) ha caído gran parte del pensamiento actual, incluso dentro de la moral católica, gran parte de los defensores pro-vida. Y esta es una caricaturización del problema: se puso a la vida y la muerte en lugar de La Vida (eterna) y La Muerte (eterna). La Vida es el fin deseado, la vida y la muerte son medios y la Muerte es el fin aborrecido, este el problema en definitiva.

Y de esta sobredimensión de la vida se terminó desprendiendo una consecuente sobredimensión de la muerte.

Estos temas se me planteaban justo en estos días que suceden a la muerte del déspota. La sola imagen de los monstruos vestidos de negro y rodeando un ataúd me remitía a Halloween. Pero, además, en estas cosas pensaba cuando veía (escuchaba o leía) a muchos católicos que sentían una falta de respeto el alegrarse por una muerte. Como si la muerte fuera, por sí sola, un perfume que oculta la impiedad, la mugre y la miseria.

El alma del hombre muerto que tendrá un juicio particular es una cosa. En eso no me meto (salvo con una oración hecha en su memoria) y mucho menos me meto con su juicio. Será cosa de la Misericordia y la Justicia Divinas, del alma individual, de los sacramentos que recibió, de su conversión o no (sea en el último segundo o hace diez años) o vaya a saber de qué cosas. Y hay allí un Misterio que, como todo misterio, debe ser tratado con cuidado.

La muerte del Tirano es muy otra cosa y es muy digno de festejo (e incluso de alguna oración de acción de gracias). En especial cuando el Tirano, además de triturar toda institución posible, favoreció el homicidio de infantes (promoviendo directamente el aborto). Y en este punto me gustaría recalcar, ante esa mirada estúpida y benevolente sobre las gestiones de los muertos (que es muy distinta de la mirada compasiva y benevolente sobre las acciones privadas de un difunto, aunque también habría que afinar...) que caracteriza a nuestra sociedad, que NADA hizo bien ni el tirano ni su tirana esposa. En particular, hay uno de sus supuestos "logros" que me resulta absurdo por su grado de aceptación casi unánime por parte de la sociedad: el cambio de conformación en la corte suprema. Comenzando por el modo (salió por televisión el titular del Poder Ejecutivo amenazando a los ministros de otro poder constitucional) y terminando por los "electos" (manga de ideólogos ignorantes que, salvo alguna excepción, no tienen sentido jurídico alguno) todo es horroroso.

Quizás lo único positivo del desastre haya sido la lucha mafiosa con Clarín y sus secuaces. Quien sepa leer entre líneas entre el recíproco bombardeo (que en el plano práctico devino en una competencia acerca de quién miente de un modo más expansivo) caerá en la cuenta de qué es lo que se defiende con la pretendida "libertad de expresión": un campo de irresponsabilidad al manejar la información pública que permite, junto con la exaltación de la mentira, la gestación y desarrollo de mafias y corruptelas. Creo que de todos los engendros creados por la democracia liberal, la libertad de expresión (como licencia para mentir, ideologizar y falsear sin reprimendas ni responsabilidades) es uno de los más nefastos. Y por desgracia, esta "libertad de expresión" pasa a menudo a nuestra Iglesia y a nuestro espíritu, impregnando ese deseo nefasto de utilizar información para obtener cosas buenas, la maledicencia como un medio "lícito", la publicidad de la información para "informar lo público del pecado ajeno" (que es cosa muy distinta del pecado público), la denuncia informativa con pruebas contundentes...

En fin, volviendo al comienzo y siguiendo a Terzio, voy a re-pensar mi aversión a Halloween mientras rezo un avemaría por el alma del difunto y brindo por la muerte del tirano.

Natalio


miércoles, 29 de septiembre de 2010

¿Existe una propiedad intelectual?


Debido a un pequeño post en los Pases Cortos, el amable "The Wiskerer" arrojó en mis narices la problemática entera de la Propiedad Intelectual. Dado que me pidió mi opinión sobre el punto y que ahora hay varios de mis "amigos intelectuales" que saben de la existencia del blog, aprovecho para plantear, en términos muy generales, mi visión del asunto.

Antes de comenzar, la mención al Whisky y la Propiedad Intelectual en un mismo párrafo, me obligan a recordar un simpatiquísimo fallo (The Scotch Whisky Association y otro v. García) del Doctor Vocos Conesa sobre el Whisky, las marcas, las denominaciones de origen y otras cosas. Los cultores de la PI y del whisky, así como los amantes del whisky y detractores de la PI, así como los cultores de la PI y detractores del Whisky, todos deben leer ese fallo (al igual que, del mismo juez, el fallo Boca Juniors).

Hecha la mención previa, queda una aclaración. Dado que el blog es visitado por gente de diversos rubros y materias el contenido será más bien genérico y no específico.

El dardo arrojado por el "Hombre del Whisky" fue el siguiente texto: La Revolución de los Sabios. Una alternativa a la propiedad intelectual por Carlos Raya de Blas. Recomiendo su lectura (aunque no comparto el contenido) porque me parece que tiene cuestiones interesantísimas. De todos modos, no voy a "contestarle" como me pidieran sino que voy a dar mi visión global del asunto.

El asunto genera algunos interrogantes: ¿es justa la existencia de una propiedad intelectual (PI)?; ¿es necesaria la existencia de un régimen de PI?; ¿Es apropiable "lo intelectual"?; ¿Es apropiable el conocimiento?; ¿Es posible diferenciar lo novedoso u original de lo recibido de la sociedad?; Y otras preguntas de carácter similar.

En primer lugar creo que es "genéricamente" incorrecta la visión exclusivamente económica del asunto. Su formulación sería (tan genérica como esquemáticamente planteada): cualquier derecho de PI implica un monopolio, los monopolios atacan la eficiencia del mercado, lo óptimo es la eficiencia del mercado, ergo está mal atribuir cualquier derecho de PI. Desde allí para los costados, así como sus contestaciones y perfiles (ineficiencia estática, eficiencia dinámica, etc.), me parece que es siempre una visión parcial. Es decir, el análisis económico de la cuestión me parece una herramienta importante para terminar de definir los lineamientos del régimen pero nunca para justificarlo o no en la fuente.

En segundo lugar, y aquí aparece un punto que suele estar ausente en los análisis pero está presente en el artículo, creo que es fundamental distinguir. Como decía un amigo, parafraseando a Maritain (aunque la escuché tantas veces que no sé de dónde salió la frase): “distinguir sin separar para unir sin confundir”. En efecto, creo que, dentro de la problemática de la PI no se distingue, desde el punto de vista de los fundamentos mismos, entre sus diversas ramas. Creo que entre ellas, y aún dentro de ellas, tienen diferencias esenciales que hacen a una distinta justificación (mientras escribía el post justamente leía “The Political Economy of Intellectual Property Law” de William Landes y Richard Posner donde se describen diferencias en el volumen de leyes, en los gastos de cada sistema, etc.).

Para simplificar un poco la cuestión englobemos la PI en tres de sus ramas: Derechos de Autor, Marcas y Patentes.

En el derecho de autor existe una obra que resulta original. El contenido es tan amplio que abarca desde una obra musical a un programa de computación, de una obra literaria a un mapa de un arquitecto, de una película a la “fijación o grabación” de una canción (no ya la canción misma), de un contrato a una clase magistral, de una obra de teatro a una publicidad. Y allí hay una bolsa de diversas cosas que poco y nada tienen en común desde el punto de vista del proceso creativo, de la explotación, de su finalidad, del beneficio social, etc. Por tanto, es muy complicado encontrar un único fundamento (que sea real y verdadero) aplicable a toda la rama en conjunto.

En el caso de las marcas existe un signo que distingue un producto determinado en un mercado determinado. Si se mira con algún detenimiento encontrará uno que lo que se protege tiene un contenido muy variable. De una parte existe una protección al signo en sí (desde la perspectiva estética, de su influencia en el comprador, de su modernidad, etc.) que es algo parecido a una propiedad intelectual, y de otra, una protección a aquello que el signo significa o representa (el trabajo de años para mantener la calidad de un producto, la calidad del servicio, los altos costos para tener materia prima de excelencia, etc.). De esta distinción (evidente para todos los cercanos al mundo de las marcas) surge que se protege algo que es o se parece una propiedad intelectual y hay otra cosa, también protegida, que nada tiene que ver con la propiedad intelectual (el trabajo, los costos, etc.). Es decir, permitir que se usurpe una marca determinada puede o no discutirse desde el punto de vista de la propiedad intelectual pero no puede discutirse en la medida que signifique robar o apropiarse del trabajo ajeno. El trabajo, intelectual o no, no es propiedad intelectual. Y del modo inverso, tampoco se puede convertir la marca en un signo capaz de desentenderse de un producto o un productor de modo que se promueva, a través de una protección de PI, que se consumen estafas donde se venden gatos por liebres. ¿Se entiende el punto? Espero que sí….

En el caso de las patentes existe un invento novedoso que posee aplicación industrial. A poco que uno observe el asunto se encontrará con un trabajo de investigación (generalmente con una inversión importante en dinero), un conocimiento resultante, una aplicación industrial de ese conocimiento y, por último, una explotación industrial de ese conocimiento. Es decir, de modo paralelo a lo que ocurre con las marcas aunque con diferencias importantísimas, el régimen de patentes comprende o no protecciones diversas a variadas cuestiones de las cuales “lo intelectual” es, en todo caso, una parte de las mismas.

Desde esta perspectiva, uno se encuentra que las distinciones no son accidentales sino substanciales. Tan substanciales que hacen que hablemos o protejamos cosas completamente diversas bajo un mismo título (al que llamamos PI). Por tanto, cada justificación debe darse por separado.

De todos modos, y para que no me acusen de dejar siempre los temas inconclusos, adelanto mi opinión sobre la Propiedad Intelectual como concepto genérico. Considero que no hay motivos para apartarse, en líneas generales, del criterio clásico de la propiedad (que es menos “natural” o rotundo de lo que algunos “iusnaturalistas” pregonan). Por tomar alguna de sus varias exposiciones tomo la de Santoto en la Suma que me resulta particularmente claro:

El “Respondo” de la II-II, Q. 66.

Respondo: Acerca de los bienes exteriores, dos cosas le competen al hombre. La primera es la potestad de gestión y disposición de los mismos, y en cuanto a esto, es lícito que el hombre posea cosas propias. Y es también necesario a la vida humana por tres motivos: primero, porque cada uno es más solícito en gestionar aquello que con exclusividad le pertenece que lo que es común a todos o a muchos, puesto que cada cual, huyendo del trabajo, deja a otros el cuidado de lo que conviene al bien común, como sucede cuando hay multitud de servidores; segundo, porque se administran más ordenadamente las cosas humanas si a cada uno le incumbe el cuidado de sus propios intereses; sin embargo, reinaría confusión si cada cual se cuidara de todo indistintamente; tercero, porque así el estado de paz entre los hombres se mantiene si cada uno está contento con lo suyo. De ahí que veamos que entre aquellos que en común y pro indiviso poseen alguna cosa se suscitan más frecuentemente contiendas.
En segundo lugar, también compete al hombre, respecto de los bienes exteriores, el uso de los mismos; y en cuanto a esto no debe tener el hombre las cosas exteriores como propias, sino como comunes, de modo que fácilmente dé participación de éstas en las necesidades de los demás. Por eso dice el Apóstol, en 1 Tim 17-18: Manda a los ricos de este siglo que den y repartan con generosidad sus bienes.

Y agrego también la contestación a la primera objeción que también resulta pertinente:

1. La comunidad de los bienes se atribuye al derecho natural, no porque éste disponga que todas las cosas deban ser poseídas en común y que nada deba poseerse como propio, sino porque la distinción de posesiones no es según el derecho natural, sino según la convención humana, lo cual pertenece al derecho positivo, como se ha expuesto (q.57 a.2.3). Por consiguiente, la propiedad de las posesiones no está contra el derecho natural, sino que es un desarrollo de éste hecho por la razón humana.

Y antes de retirarme, como para que la cuestión quede más empastada y sucia remarco que Santoto habla de bienes exteriores y, más adelante, trata específicamente la simonía.

Continuará….

Natalio

Pd: Más de una vez manifesté diferencias de criterio y de otras cosas con Hernán. No obstante, nunca tuve la oportunidad de manifestar lo útil, práctico e importante que resulta su trabajo al poner a disposición del público de modo tan sencillo la Suma de Santoto (y otros textos de gran valía).

martes, 21 de septiembre de 2010

Shemá by Mary Lennox


¡Si me olvidara de Ti oh Jerusalem! reza el libro de Salmos de mi Omma, si me olvidara de Ti… pero ¿qué es aquello que impide que en el trajín de la vida cotidiana nos olvidemos de nuestra patria?

Un problema que siempre encuentro, es la mirada que recibo cuando expongo lo que me parece el problema de la vida actual: no se vive como si Dios fuera real. La mayoría de las miradas apunta a preguntarme qué quiero decir con eso: Dios es REAL, ¡más real que uno! El problema es que nosotros lo ignoramos, nosotros no escuchamos, no vivimos como si Dios fuera real. Y es en este punto que la lectura de la Escritura es un detalle importante de la vida en la Realidad de Dios.

No todos tienen la formación que algunos tenemos, no todos tienen ese privilegio (a veces desgracia), ya que algunos no pueden acceder a él por varios motivos, pero ello no es razón de dejar la meditación de la escritura, es razón de mantenerla simple. Dijo el Señor: «Yo te bendigo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a sabios e inteligentes, y se las has revelado a pequeños. Sí, Padre, pues tal ha sido tu beneplácito.» (Mt 11:25-26). Es en la sencillez de una frase constantemente meditada que vive la dulzura del Espíritu, y es en el silencio de la interioridad de uno que la escritura se medita. Nada de complicaciones, solo la simple y meditada noción de que Dios ES y que con eso nos basta. Por ello es interesante la tradición de la Shema Israel:


Escucha Israel El Señor, nuestro Dios es solamente uno. Amarás al Señor, tu
Dios, con todo el corazón, con toda el alma y con todas tus fuerzas. Y estas
palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón; y las repetirás a tus
hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al
acostarte, y cuando te levantes. Y las atarás como una señal en tu mano, y
estarán como frontales entre tus ojos; y las escribirás en los postes de tu
casa, y en tus puertas. (Dt, 6, 4-7)

Es interesante, porque estas palabras aparecen en todos lados meditadas una y otra vez, en su simpleza encierra la Verdad del Amor a Dios, de vivir en su Realidad. Como cristianos solamente nos toca ir un poquito más allá, recordando el Shema pero agregándole lo siguiente:

“Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único para que no perezca ninguno
de los que creen en él, sino que tengan vida eterna.
Porque Dios no mandó su
Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.
El que cree en él no será juzgado; el que no cree ya está juzgado, porque no
ha creído en el nombre del Hijo único de Dios.” ( Jn 3, 14-21)

Mary Lennox


martes, 14 de septiembre de 2010

El Verbo

De nuevo estoy de vuelta después de larga ausencia… Regreso sin muchas garantías de continuidad en un año que me tiene corriendo e intentando dividirme entre estudio (con exámenes cada dos por tres…) y trabajo (sin contar familia, religión, amigos, lecturas, música, deportes, etc.).

En fin, espero también que, de manera anónima o firmada, los amigos del blog pueda aportar en los tiempos de sequía y ausencia. También me gustaría volver sobre el último post y sus comentarios acerca de la universidad. También me gustaría agradecerle como corresponde a Alemama el premio que nos regaló. También me gustaría contar algunas cosas nuevas del Rosh Hashana. También me gustaría….

Pero vamos con lo inmediato, con lo que me recordó el blog (además de una simpática amonestación de la amiga Ruth).

Septiembre es, creo que para la Iglesia argentina, el mes dedicado a la Biblia y a su estudio. En mi parroquia suelen dedicarle bastante atención a la cuestión e incluso hacen ingresar cada Domingo “El Libro” en procesión. Me parece muy buena la dedicación a la Biblia y, en especial, me gusta cualquier pequeño gesto litúrgico “aordinario” (dentro de lo “ordinario” de la liturgia por supuesto).

Uno de los puntos fuertes del Concilio fue una suerte de “vuelta de tuerca” sobre la centralidad de la Escritura en la vida del Cristiano. Si uno observa la historia reciente de la Iglesia en los tiempos anteriores al Concilio notará que existía un cierto “enfriamento” en la relación fiel (laico o religioso) con la Escritura. Este “enfriamento” estaba dado las causas más variadas pero, en particular, creo que existían dos muy particulares:

- De una parte la utilización litúrgica de la Biblia con su consecuente dificultad “idiomática”. La proliferación de Biblias y versiones es algo muy nuevo (un poco extendido antes del Concilio, en especial a partir de la traducción de los misales, pero maximizado a partir de allí) siendo lo común que hubiese pocas Biblias y muchas de ellas en el idioma litúrgico (latín en nuestro caso). A ello hay que agregar que el idioma común, que había sido el latín en otros tiempos, se había convertido en un idioma litúrgico de carácter casi iniciático en tanto existía, como ya hemos charlado en este blog, una ruptura entre el fiel y la liturgia en general. Todo ello generaba un alejamiento entre el laico y la Escritura (en especial en la misa que se leía en latín sin que fuera seguido todavía con misales por “el pueblo”) e incluso entre el religioso y la Escritura (nunca olvido la impresión que me causó los pedidos de Santa Teresita para que la dejaran estudiar latín para poder entender el Antiguo Testamento o, ya entre grupos que mantienen hoy el oficio en latín, los ingresantes que rezan todas las horas en latín, aún en soledad, sin entender nada de lo que leen).

- Y de otra algo complicado de expresar en su justa medida y que opera un poco como telón de fondo de lo anterior. Cierto temor al acceso indiscriminado y en solitario a la Escritura por parte del fiel. En este sentido no se recomendaba la lectura indiscriminada del Antiguo Testamento, la lectura de determinados libros, etc. fuera del control y la enseñanza de alguien reconocido que actuara como guía, sostén y maestro.

Creo que los dos motivos eran válidos en cierto sentido pero habían sido degenerados por el cambio de circunstancias. El resultado, es decir la distancia entre la Escritura y el fiel, terminó siendo nefasto. Justamente nuestros hermanos mayores y menores (en la historia, digo…), es decir, judíos y protestantes, mantuvieron la connaturalidad con las escrituras que, junto con la Tradición (pequeño detalle que nos distingue en modos distintos de cada uno de nuestros “hermanos”), tenían los Padres de la Iglesia.

Y aquí es donde la cuestión se pone interesante porque justamente la ausencia del Verbo real y presente (en la Eucaristía) es la que derivó a nuestros hermanos mayores y menores en una orientación hacia la Escritura como presencia del Verbo mientras que nuestro actual volver a la Escritura como Verbo (en especial, aunque no solamente en la liturgia) ha desplazado la centralidad del Verbo Presente y Real en la Eucaristía.

Y desde aquí quería arrancar pero se extendió demasiado…. Volveremos con las dos mesas (o altares) de los padres, las dos presencias, la relación entre letra y Tradición, etc.

¡Respetos!

Natalio

jueves, 22 de julio de 2010

La Universidad: su Espirítu, su Espiritualidad (II)


La contemplación: muros de la catedral

Entre el oscuro y enterrado cimiento y la vistosa y atrayente cúpula: los muros, que van de altura en altura dándole presencia al edificio, otorgándole progresiva ingravidez; o como arriesga san Agustín: invirtiendo la gravedad, haciendo que todo caiga para arriba… En una catedral -bien construida- las cosas caen para arriba…
Lo que hace las veces de piedras en la catedral que nos incumbe se llama “contemplación”. Palabra por demás erosionada por el uso y manoseo. Para el cardenal Newman ella es el ‘alma mater’ de la actitud universitaria. Se trata de una apertura que involucra todo el ser (no sólo la mente) que se inclina ante una realidad. Se inclina no como un cazador sobre su presa, sino con reverencia y a fin de acogerla con asombro y alojarla. Cuando se opone la contemplación a la acción puede pensarse que lo contemplativo es cualquier actitud cognoscitiva, enfrentada al afán por la praxis. Pero lo cierto es que lo contemplativo es una actitud posible frente al conocimiento: actitud diametralmente opuesta a la actitud activa con que hoy se procura conocer. Por eso su nota central es la pasividad, receptividad: el dejar que la realidad me invada, me aborde, me entregue su logos. Y esta entrega no sea “a punta de pistola”, sino por el arte de la hospitalidad. El contemplativo es un hospitalario con el ser de las cosas. No las acosa, no intenta conquistarlas a punta de lanza, no las interrumpe con infinitas preguntas o comentarios mientras ellas destilan en suave murmullo su propio logos.
Logos autoelocuente. Ciertamente autoelocuente.
Por eso, el contemplativo es un hombre de silencio, no de palabras. ¡Las palabras son asunto de las cosas! Y las palabras “caben” donde hay silencio que las acoja. Conocer no es criticar -como de Kant en adelante se instaló- sino alojar. No es atacar sino escuchar. Como -siguiendo con nuestra analogía catedralicia- no le toca al hombre iluminar el recinto, sino prever las lucarnas, los lucernarios que admitan la luz, que alojen la luz. Virando apenas la analogía: el muro debe suspender sus hiladas para habilitar el ingreso de luz; el hombre debe suspender su inquisidora “ratio” para quedar bañado en luz por la intuición.

Esta serena humildad con que el hombre universitario debe ser un escucha es lo que augura el encuentro experiencial con vuestro objeto de ciencia: ya sea un átomo, un gen, una galaxia o un conflicto humano. Ellos son el contenido; mi cátedra, el continente. Ellos, los protagonistas, nosotros, el soporte para ponerlos en relieve. El contemplativo natural es como Juan Bautista ante Cristo: la voz ante el que es la Palabra; el que disminuye para que el otro crezca. El dedo del Bautista: ¡he ahí una bella figura de vuestra tarea docente!

Algo crucial sobre este señalamiento: lo que deben señalar es a la realidad misma que les toca saborear y mostrar. No lo que “se dice” de la realidad, sino la realidad misma. Es esta de las mutaciones kafkianas más monstruosas que ha sufrido el saber. Saber ya no es saber la realidad sino saber la historia completa de lo que los demás han dicho sobre ella. El enano sobre los hombros del gigante ya no mira el amplio horizonte que se abre ante sí… ocupadísimo como está en hurguetearle la cabeza al que sólo se le ofrecía como andamiaje para ver más lejos… ¿Y por qué este viraje de la cosa misma hacia la idea sobre la cosa? Es largo y complejo responder a esto (escribimos años ha una “Égloga a la cosa” que puede servirles al respecto), pero es importante al menos percibirlo como un hecho y deplorarlo. ¿Por malo y perverso? Valdría. Más simple me parece hacerlo por insólito, insulso y metodológicamente conflictivo. A ningún astrónomo se le ocurriría direccionar su flamante telescopio sobre la pantalla de su televisor para sintonizar Discovery y ver las estrellas… pero si usted debe mañana dar una clase sobre la angustia, ¿qué hace? Su impulso cultural lo moverá a abrir el Google y teclear sin más “angustia” y recolectar con cibernáutica ansiedad datos y más datos y sobre todo, ¡nombres!, de lo que Fulano y Mengano han dicho sobre la angustia. ¿Plan B? Enfocar a ese adolescente angustiado que tengo en casa, o a ese anciano decaído y tratar de contemplar la angustia de frente… ¡sin intermediarios! Es la insoportable densidad del ser, lo que tal vez aterre, señor Kundera.

En el ejemplo sobre la angustia hay un detalle de monstruosidad que puede escapársenos, pensando que el “in oblicuo” es de un solo trazo, como la luna recibe luz del sol. Lo cierto es que el autor de ese artículo ha hecho lo mismo que yo, y por tanto lo que en los claustros del saber se “trata” acerca de un asunto está distanciado vaya a saber cuántas generaciones del contacto directo con la cosa. Fotocopia de fotocopia de fotocopia… Steiner lo ha llamado “la ciudad secundaria” donde el comentario se nutre del comentario al infinito, sin recurso ni retorno a lo real. Un modo parasitario de ejercer el saber. Ante esto, el contemplativo contrasta abruptamente con su límpida e ingenua mirada sobre la cosa misma, estando ahí, ante mí. (Steiner imagina una ciudad primaria, donde el meta-texto (texto sobre texto) entrara en un riguroso índex y sólo estuviera permitido hablar sobre cosas…).
Y con este “ante mí”, ¿qué hace el contemplador? Viaja al hondón de la cosa. Viaja a sus raíces. Quiere nacer con la cosa (Claudel decía que conocer es co-nacer). Quiere bucear hasta esa instancia en que su objeto es arrancado del país de la nada y puesto en el ser. Quiere esa “instantánea”, y así se lo mendiga (¡qué verbo poco científico!) a su Dama Sapiencia. El contemplativo “lee-por-dentro” (intus-legere) hasta los tuétanos primordiales de lo que la amistosa realidad le oferta. (Valga decir: amor con amor se paga, y la realidad paga la afable y humilde hospitalidad con elocuencia y transparencia; y en cambio, devuelve al ávido y prepotente, con circunspecto hermetismo. Sincero con el sincero, astuto con el falso, dice el salmo. De Dios nadie se burla, dice la Escritura; y yo acoto: de la rosa tampoco…).

Y en el hondón de ese abismo interior del ser, el contemplador se topa experiencialmente con el ex-nihilo de su objeto (¡cual fuera!, pues vale para las ciencias duras como para las más blandas). Y ante ello, una doble experiencia lo invade —tremenda y fascinante a la vez—: percibe su origen divino y percibe —en el mismo foco— su contingencia, su poder-no-ser. Límite y anchura infinita se le revelan así en superpuesta elocuencia como la condición paradojal de todo lo creado. Y goza. Disfruta, paladea el exquisito manjar de su saber: su saber cuanto sabe y su saber cuanto ignora.
Si los monjes acuñaron aquellos pasos de la Lectio divina ante el Logos increado, los medievales animaron un itinerario alternativo para el pensador, hilvanado por la transversalidad del logos, que se esquematiza así: oratio-ratio-adoratio. Apertura, inquisición, postración. He aquí las “rúbricas” para vuestras liturgias catedralicias.

Un solo asunto más sobre el carácter luminoso de las cosas y su ingreso a nuestra catedral. Valdrá percibir una triple característica de estos rayos del sol: ellos muestran luz, se donan como luz y se dicen como luz. Y esta terna constituye de algún modo la morfología propia de todo lo real, que es superpuestamente bella, buena y verdadera. Y no que algunos rayos son verdaderos, otros buenos y otros bellos: esta terna es la trama propia de cualquier objeto sobre el cual haga ciencia, haga magisterio, haga cátedra. No es lo uno para la cátedra de lógica, lo otro, para la de ética y el otro para artes plásticas. En la Multiversidad actual esto es así; pero en la Universidad de siempre, no. Por una diminuta lucarna románica, ingresa todo el sol. Y esto es lo que nos habilita a armar la cúpula antes de que se nos vaya nuestro sol.

La Unificación: su cúpula

Ya tenemos sobre la roca de la gratuidad, la apertura contemplativa a las cosas, que le dan a nuestros muros solidez, altura y trabazón. Y habilitan la entrada de luz. Desde la misma metafísica del ser, habrá que agregar un elemento que habilite el arco, que permita la cúpula, para que cuando en esa catedral se cante la Gloria divina e intramundana, “suene bien” y no parezca que estamos cantando en un sótano. La Universidad como fuente de Unidad, diría Newman. Ese “elemento” casi mágico se llama la analogía del ser. Un Mundo analógico significa básicamente que todos los “logos” que abordan cada una de vuestras ciencias son parcialmente lo mismo y parcialmente distintos. Es que el ser mismo es analógico, pues todo es y todo es algo distinto.

Ortega denunciaba que la Universidad se había transformado en Multiversidad. ¿Sólo por la multiplicidad de carreras de grado que se empezaron a multiplicar? No. No es esto lo que debe asustar. Es por la falta de ilación interna, de experiencia de unidad en el saber lo que se ha craquelado hasta la atomización, la fragmentación, dejando a la posmodernidad en una suerte de playa desolada -como describe trágicamente Steiner- de muñones y fragmentos. Ni alcanza con multiplicar seminarios interdisciplinarios. Es una experiencia interna de asociación de logos, “ecos” y “armónicos” que mi música, mi partitura genera y combina con las partituras de las demás cátedras y facultades. La Universidad es sinfónica o no es universitaria. La cacofonía cultural -tan patente en el mundo universitario- sólo es corregible desde la paciente y esperanzada búsqueda del “la” del primer violín, que torne “una” todas las voces y le devuelva música a nuestro ruidoso mundo.

Ustedes deben buscar el “la” en el Logos de Carne que es Cristo, Nuevo Orfeo que encanta a todos los saberes, que a la letra baña de espíritu, al fragmento lo tiñe del todo; al dato lo sumerge en el sentido; a la ciencia la nutre de conciencia. Todo logos tiene en Su ser Logos su “consistencia”, va a decir san Pablo usando un verbo muy gráfico para expresar este Mundo mono-lógico, cromo-lógico y cosmo-lógico. ¡Y que empiece la música!

El sonido metálico y seco de la academia mercantil posmoderna desconoce la reverberancia. Explicárselas parece empresa más compleja que describirle el verde oliva a un ciego de nacimiento. Viven atrofiados en esa barbarie de la especialización, donde cada vez saben más de menos, hasta que lo sepan todo de nada (como la Enciclopedia hizo el proceso de atrofia inverso: cada vez sabía menos de más, hasta que no supo nada de todo). A nosotros, discípulos del Logos -cantautor del Mundo-, nos toca intentar la mejor música donde genes y sales, témpanos y ciclones, crustáceos y líquenes refracten su música sobre formas de gobierno y la conducta prenatal, el miedo, la sangre, las leyes, el Quijote de la Mancha, el magma incandescente, el cáncer, la nostalgia, los océanos, el tiempo, Mozart, las sabanas y el rojo intenso del lejano Marte. Newman lo llama: la correlatividad de todo real, desde el serafín más glorioso hasta el más detestable de los reptiles. “Un universo íntimamente entretejido”, remata el inglés. Universo -aporta d’Exupery- por ser poema de un solo verso. Todo confluye en una única sinfonía, que canta la Gloria de Dios en sus obras admirables.

Lo universal de la Universidad es como la nota de catolicidad aplicada a la Iglesia: tiene un carácter extensivo e intensivo, horizontal y vertical. No sólo implica la interrelación de las cosas, y la unidad que conforman, sino también permite dar con el “unum” trascendental, con que cada cosa contiene en sí todo el Universo, el multa in parvo, el todo en el fragmento. Con cierto resabio eucarístico, cuando en la trastienda de la gota de agua se nos desvela el vasto cosmos sin fondo, el pensar entra en pasmo (bello es el stupore latino) y sólo atina a la gratitud frente a la desmesura del don. Los alemanes lo consignan así: del denken al danken. Y en una inclusión más completa podemos proponer con von Hildebrand andar de la gratuidad a la gratitud, con circularidad eucarística.

El Universo de la Universidad ha de ser faro que profetice sobre los huesos secos de esta cultura anunciando un Mundo de sentido. Así como Claudel se convirtió escuchando el Magnificat en una catedral, vuestras cátedras-catedrales deben poder ser ámbito propicio para la conversión de sus alumnos. No la conversión sobrenatural, sino la vuelta, el retorno natural al ser de las cosas. La conversión del insulso cientificismo pragmático al “sápere” al que saben todas las cosas, cuyo exquisito sabor ustedes han de cultivar, gustar y enseñar a catar, como catedráticos y catedralicios enólogos mendocinos. Ni funcionarios ni sofistas: académicos, pedía Pieper. Como aquellos que en la Grecia platónica se juntaban en las afueras de Atenas, en el bosque de Academos a pensar el mundo, a desentrañar la rugosidad del ser. Den clase de biología molecular o de literatura inglesa: cualquier aula, toda aula es el estrecho atrio o umbral (eso significa “aula”) que da al universo mundo. Toda materia, toda bolilla, toda “quaestio” es el parvo preñado del todo. Como aquel ínfimo Aleph de Borges.

En fin: dar (trádere) de lo contemplado, es la consigna que deja fray Tomás de Aquino. Nosotros podríamos expresarlo con un ejemplo prosaico pero muy exacto: no emitir moneda sin el respaldo en oro de una macerada contemplación. La hiperinflación académica en que vivimos ha devaluado la palabra universitaria, que antaño supo ser el genuino cuarto poder, hoy en manos del periodismo (que opina, lo cual -como se decía antes- es lo previo al saber).
La realidad acontece. Y lo de ustedes consiste en presenciar el acontecimiento con asombro; maravillados, atónitos. Y contarlo con ojos grandes, con respiración entrecortada, como Magdalena en la aurora de la nueva Creación.

Vuestras aulas están pobladas de muertos en vida, de pálidos rostros aburridos… no de la clase: ¡aburridos del mundo! Sólo el testimonio, sólo el retorno a una docencia testimonial puede augurarle una nueva primavera al campus del saber. Y testigo no es el que sabe: es el que estuvo. Un falso testigo puede decir la verdad, pero sigue siendo falso si no estuvo en el lugar y la hora de los hechos.

Ante un Mundo de sentido, una Universidad de testigos. Esa es la justicia/justeza con que ir forjando una suerte de “espiritualidad universitaria”, centrada en aquello que san Juan dice de la Palabra de Vida y nosotros podemos decir de la vida interna de nuestra realidad verbal: lo que hemos visto, lo que hemos tocado con nuestras manos, eso les anunciamos, para que ustedes vean y toquen y tengan vida.


P. Diego de Jesús (Athonita undercover)

martes, 13 de julio de 2010

La Universidad: su Espirítu, su Espiritualidad (I)



Catedral viene de cátedra y no al revés.


Esta frase así, desnuda, tiene el sabor de una sentencia arcana, llena de latente sentido. Yo creo que sí. La etimología es una “ciencia” fascinante, por cuyos recónditos subsuelos se accede repentinamente —cual por alcantarillas urbanas— al más imprevisto microcentro del tema. Ocurre también a veces que términos derivados cobran mayor relieve y peso que su término de origen. Cristo viene de Crisma y no al revés, insistía san Agustín. Y con ello no quería reivindicar para el crisma un protagonismo o valencia que Cristo le hubiera usurpado, sino muy por el contrario, intentar que el Misterio de Cristo recibiera luz desde abajo, desde sus raíces lingüísticas. Pie viene de piedra, pastor de pasto, Cristo de crisma… y catedral de cátedra; y si al derivado le hace bien saborear el sabor radicular de su origen, al término de origen (y en él, la realidad asignada), le ha de hacer bien reparar en el “peso” del árbol frondoso que emerge por encima de su oculta y prosaica raigambre.

Digo todo esto, pues estoy ante “catedráticos”, titulares de “cátedras” y aunque todos estén muy lejos de pretender catedrales, yo quiero proponerles intentar juntos la (re)construcción de una.

Vuestras cátedras merecen catedrales, ameritan catedrales.
No construidas con piedras muertas sino con vuestro espíritu y con el Pneuma divino, que es capaz de hacer de los huesos secos de nuestras aulas universitarias, catedrales vivientes del saber donde se cante la Gloria de Dios y la gloria del ser.

Cuando el cardenal Newman, allá por el 1851, desarrolló sus conferencias en torno a The Idea of a University, dejó un legado intenso de lo que lo universitario era en sí. Aquellas ponencias son tan ricas como variadas. Entre muchas otras cosas, Newman plantea allí tres asuntos en que quisiera detenerme en esta reflexión: gratuidad, contemplación y unificación. Y se me ocurre que estos tres “materiales” pueden sernos de provecho para la construcción de la catedral que les propongo levantar.
Intentémoslo, al menos.

La gratuidad: el cimiento

Dirá Newman que la Universidad, como hogar del saber, contiene su finalidad en sí misma -podríamos decir: es autoportante- y por eso no necesita ser servil a los intereses externos a ella. Con esto abría un intenso debate, pues aunque los conceptos en juego son tan añejos como el viejo Aristóteles, ya se había instalado en el mercantilismo occidental la idea de las universidades como mercados de compra y venta de datos, compra y venta de profesiones. Las universidades son “útiles” a los intereses de la sociedad, ¡cómo llamarlas inútiles! A todos nos recuerda esto lo que los griegos decían de la Filosofía: no sirve para nada porque no es sierva de nadie; es señora. Para Newman el saber tiene un peso y dignidad tal que —aunque sea muy útil— no necesita cultivarse en función de nada ajeno a sí mismo. No es “funcionaria”. Finaliza en sí.

Hoy se debate sobre la Universidad gratuita en la acepción de “no paga”. En aquella Inglaterra se debatía por un concepto sutilmente más hondo: la gratuidad interior del quehacer universitario. Su distendida intencionalidad. Como un monje reza porque sí (aunque sus rezos muevan secretamente al mundo), alguien que le ha entregado la vida a la Universidad, estudia, lee, piensa, reflexiona y comparte estas reflexiones porque sí y no para que el alumno aprenda y apruebe y se reciba y se inserte en el circuito social. Una cosa son las escuelas de profesionales y otra, la Universidad: sede del saber. Así como catedral viene de cátedra, cátedra viene de una gran familia de términos griegos, entre los cuales está la silla, la “sede” donde se asienta el saber, donde gravita y reposa el saber. Esto último —reposar— es crucial. Y si seguimos removiendo raíces, descubrimos que “kathédra”(silla) proviene de “hédra”, que refiere a lo firme, al fundamento, al sostén último. El verbo “katéjo” nos aporta también algo crucial: se trata de conservar, poseer, retener. Y en lo que nos atañe, ‘retener’ hay que entenderlo no como un mezquino repliegue sobre sí, sino como un modo de impedir que el saber se derrame en esa frenética obsesión por mutar los fines en medios.


Nuestra cultura es alérgica a los fines y fanática de los medios. Y si en el asfaltado bosque brota por descuido un “porque sí”, con urgencia hay que mutarlo en un metálico “para qué”: asignarle un cauce de utilidad, para que corra y no se detenga. Que una cátedra sea “sede” de un saber (sede porosa, absorbente) es casi lo contrario a que sea un “conducto” del saber (conducto inclinado e impermeable).

Es lo que Guardini planteaba ya en la posguerra, en su bella y aguda ética para nuestro tiempo: la necesidad de volver a vivir algunas cosas sin intenciones. El saber es, de un modo eminente, un caso posible. Su objeto lo hace posible, por la dignidad que entraña el saber mismo. Pero cuando crece la valencia instrumental del saber (estudio para aprobar, apruebo para recibirme, me recibo para conseguir trabajo, trabajo para comer, como para…; y su correlato docente: enseño para que el otro…) las escuelas del saber se tornan factorías de información con salida laboral. El “amo porque amo, amo por amar” de san Bernardo admite varios formatos: uno de ellos les atañe a ustedes de un modo ineludible: estudio porque estudio, estudio por estudiar. Y estudiar acá significa el panorámico ejercicio de todo lo vinculado a vuestra tarea. Pero sobre esto volveremos en la segunda “nota universitaria” de la terna escogida. Sólo les adelanto: no creerán ustedes que lo específico de vuestra labor universitaria sea dar clases… eso no es más que el rebalse de un trato cotidiano con la ciencia que les atañe: a ese trato —“trato de amistad”— lo llamo ampliamente la estudiosidad, y es la que admite el adagio bernardino.

Rescatar o restaurar la gratuidad del saber implica un cambio actitudinal que no se improvisa, sino que se debe procurar no sin esfuerzo: implica un cambio de polaridad que sólo una esmerada ascética, una seria purificación de la mente, puede emprender con éxito. El amor que ustedes confiesan al saber que les atañe debe ser una ‘confessio’ expresada vitalmente, en el modo en que se inclinan sobre su objeto y lo rumian, lo palpan, lo “saborean” (como juega Bernardo con el sabor del saber) y lo atesoran y conservan por el valor que tiene en sí mismo. No se prestan a la “manipulación”, que es justamente esto de mutarlo en objeto de utilidad, en mercancía.
La catedral que queremos, en su último subsuelo (etimológico y cotidiano) no tiene una “sala de máquinas”, sino una suerte de bodega -silenciosa y quieta- donde reposa, donde se conserva (katéjo) el saber. Y diría más: se conserva y se adoba, es decir, se añeja y mejora… no con más datos, sino con el quieto reposo de lo sabido en mí. Es una suerte de gratuidad con trampa… pues esconde la mayor utilidad: lograr el mejor vino del mercado.

Veamos algo más de esta gratuidad a cultivar en vuestras escuelas del saber. Tal vez su nota más específica. Y otra vez me valgo de los subsuelos del lenguaje: “sjolé” en griego, del cual proviene el schola latino y la escuela nuestra, significa “ocio”. La negación del mismo, eso es el trabajo, ese el negocio. Trabajar en una escuela es casi una contradicción en términos. Y ocio se opone a trabajo no tanto como la acción se opone al reposo (aunque también), sino sobre todo como la gratuidad se opone a la utilidad. La dis-tensión es, tal vez, el término que mejor grafique la actitud interior del que se aboca al saber por el saber mismo. El caminar (figura tan cara al itineraium mentis, como a la ped-agogía) admite tres modos de hacerlo: el que camina sin rumbo hacia el error -errante-, el que camina resuelto hacia la meta -peregrino- y el que camina por caminar, el que pasea. Los peripatéticos griegos hacían esto: paseaban; y algunos milenios previos, eso hacía el primer Hombre con Dios en el paraíso: pasearse. Es el caminar primordial. He aquí una imagen bella y diáfana de la gratuidad del buen pensante.

Una Universidad que sin desdibujar sus utilidades sociales, preservara y protegiera su sustrato o cimiento gratuito, augura poder hacerle frente a la “catedral” que cada aula deberá construir. Con cierta dialéctica podemos decir que lo inútil deviene lo supra-útil cuando supera su momento “negativo” de utilidad.


Pero el Saber, en su inerme y candorosa inutilidad, se tentó de poder (tal vez habría que achacarle a Bacon con su Novum Organum este parvo error del principio que con los lustros y siglos se tornó en lo que hoy es la oferta universitaria: sepa más y será poderoso). El aprehender como apresar, como dominio, como poder. La practicidad, aplicabilidad, o su versión más actual aún: su salida laboral, hacen de único cimiento de un edificio, que por lógica será de una sola planta. Chato, aplastado como pan árabe, feo, funcional: como un gélido edificio de trámites burocráticos.


La “sede” mutó en “bureau”, en mostrador. La roca se pulverizó en arena. Nos toca a nosotros dar con el aglutinante que nos permita elaborar una ‘piedra reconstituida’: transfigurar la arena del utilitarismo en roca de gratuidad.


¡Pero ya es hora de empezar a levantar paredes!


Continuará...


Padre Diego de Jesús (Athonita undercover)


jueves, 1 de julio de 2010

Liberalismo satánico o satanismo liberal




Un anónimo anonimado me pasó este anónimo diálogo.


Da para pensar... Ya volveremos con el cambio de diseño y las reflexiones en torno al blog y los seudónimos.


Respetos (ni satánicos ni liberales).


Natalio


ENCUENTRO DE UN CATÓLICO Y UN SATANISTA.


— ¿Pertenece usted a la iglesia de Satanás?


— Sí.


— Y ese edificio ¿es el lugar de sus reuniones?


— En efecto, en ese local un sacerdote católico celebra nuestras misas negras.


— ¡Misas negras!


— Sí, así expresamos nuestras convicciones.


— ¿Pero no le parece una ceremonia ofensiva para los católicos?


— No, las misas negras de ahora no son como las del pasado. Hemos tenido nuestra reforma ritual, hemos quitado los gestos y símbolos que resultaban más chocantes para los católicos. Hoy se hace todo con la asepsia de un quirófano, y la delicadeza de una microcirugía.


— ¡Pero una misa negra sigue siendo es un acto sacrílego!


— Bueno, usted puede pensar de ese modo, pero lo importante es no ser fundamentalistas... Tenga en cuenta que nadie está obligado a participar de nuestras ceremonias; no admitimos menores de edad; las misas negras se realizan en un lugar público cerrado, así que no las ve sino quien quiere verlas; y, por último, no cometemos ningún delito.


— Pero se ofende la sensibilidad religiosa de muchos católicos…


— Tanto como el culto católico ofende nuestra sensibilidad de satanistas... ¿Por qué la sensibilidad de los católicos es mejor que la nuestra? ¿Acaso no somos todos iguales ante la ley?


— Pero el culto católico es verdadero…


— Eso piensan los católicos integristas. Le recuerdo que vivimos en un Estado aconfesional, que no es competente para emitir juicios sobre la verdad o falsedad de las religiones. Y en un Estado aconfesional, todos somos iguales ante la ley; luego, los satanistas no podemos ser discriminados ni tratados jurídicamente como ciudadanos de segunda categoría.


— Ustedes ultrajan nuestras creencias religiosas.


— Tanto como un exorcista católico con su ritual ultraja las nuestras.


— Lo que ustedes hacen atenta contra la moral pública.


— Le reitero que las misas negras se realizan en recintos cerrados y el acceso del público está vedado a menores de edad. En una sociedad libre, cada adulto puede hacer lo que le plazca, si no daña el derecho de los demás.


— ¡Pero profanan la Eucaristía !


— Nuestros ritos no violan las leyes y no dañan a nadie. El trozo de pan que destruimos es de nuestra propiedad. Todo lo que usamos en nuestras ceremonias lo pagamos con nuestro dinero y no pedimos limosnas a nadie.


— Como católico, repudio lo que ustedes hacen.


— Los satanistas, creemos que usted está en su derecho de pensar sobre nosotros lo que quiera. Poco nos importa, desde el fin de la era constantiniana…


— Yo soy católico-liberal, y estoy orgulloso de haber colaborado para terminar con la era constantiniana, derribando sus últimos bastiones, esos estados católicos, que nos impedían entrar en diálogo con el mundo moderno.


— Veo que en algo estamos de acuerdo.


— Bueno, hablando se entiende la gente. Y yo soy muy dialogante.


— ¿Y cómo hace usted para ser católico y liberal?


— Muy sencillo: como católico, creo que la democracia es la encarnación temporal del Evangelio. Como liberal, confío en que los males de la libertad se curarán con más libertad.


— ¿Y por qué quiere prohibir nuestras misas negras?


— Bueno, pensándolo mejor, aunque como católico me repugna lo que ustedes hacen, como liberal, daría mi vida por defender su derecho a hacerlo sin interferencias estatales.



miércoles, 23 de junio de 2010

Nuevo año del blog


Pensaba escribir sobre proyectos para el nuevo año, seudónimos y revelaciones, cambiar el formato y las fotos y agregar alguna otra cuestión... Pero no tengo tiempo para escribir, apenas me resta para vivir.


Quizás si se disfrazan de trabajo podamos charlar más (como ocurre con Muret) pero tampoco mucho.


Mientras ni al Athos ni a Ody ni a Gregorio se les ocurra nada... hablará el silencio. Que tampoco está mal.


En cualquier caso, no quería dejar de saludarlos en el aniversario. Ya haremos los cambios y el post "ad hoc".


Respetos festivos.


Natalio


viernes, 4 de junio de 2010

Platón y el matrimonio gay


Hay asuntos que me cuesta afrontar.

El tema del matrimonio entre homosexuales, marimonio, homonomio, gaymonio, o como quieran llamarle. Y es que me da asco, no sólo el imaginarme una legislación que contemple lo antinatural sino más bien la proliferación de falacias ideológicas, clichés políticamente correctos, argumentos idiotas y demás yerbas.

Cuando se debaten las cosas más elementales para cualquier sociedad surge en todo su esplendor el analfabetismo cultural y filosófico de toda nuestra población en general y de los medios de comunicación en particular.

Como me niego a discutir obviedades con quienes no quieren escuchar, me limito a compartir un dato bibliográfico.Se habla mucho, en nuestro ignorante entorno, de la homosexualidad de Platón e incluso se lo trae como autoridad "moral" para justificar propias perversiones.

Como en estos días están todos alborotados con el asunto fueron a consultarle al Oráculo por la cita exacta donde Platón dice que la homosexualidad es contraria a la naturaleza y nos enseña cómo se debe legislar sobre el matrimonio. Ya que estaba con él en el momento en que la buscaba me la compartió a mi también y yo la comparto con ustedes.

Si se fijan bien verán que no sólo trata de antinatural la homosexualidad sino que además legisla sobre la indisolubilidad del vínculo, el trato con quienes tienen concubinas/os ("discriminando" de la ciudadanía también a quienes deshonran su propio matrimonio) y el origen divino del matrimonio.


Por último, y para quienes quieran urgar en el asunto, el Oráculo explicaba que la palabra griega utilizada es "parafisin" (contrario a la naturaleza) como contrario de "catafisin" (conforme o adecuado a la naturaleza).



Quizás, si Dios quisiera, conseguiríamos imponer una de estas dos normas en los asuntos de amor: o bien que nadie osara tocar a persona alguna libre y de buen nacimiento, salvo a su propia mujer, y se abstuviese de sembrar gérmenes impíos y bastardos en las concubinas o infecundos en los varones contra naturaleza, o bien que prescindiese absolutamente de esto último y, en el caso de que se ayuntase con alguna mujer fuera de las que han entrado en su casa con la bendición de los dioses y las sagradas bodas, ya sean compradas o de cualquier otro modo adquiridas, y no se ocultase para ello de la vista de los hombres y mujeres, pareciese bien su exclusión de la totalidad de los honores ciudadanos, decretada contra él por nosotros los legisladores, por considerarle realmente como extranjero. Tal ley, ya deba tomársela por una sola, ya por dos, quede así establecida sobre los asuntos venéreos y todos los de amor en lo que respecta a la rectitud o incorrección de cuanto realizamos en nuestras relaciones movidos por esa clase de deseos.

Interesantísimo. Como todo en Platón, como todo lo del Oráculo.

Natalio


Pd: La cita corresponde a Las Leyes VIII, 841, d5.


Pd1: No parece muy mariposón en la estatua....

miércoles, 26 de mayo de 2010

Lecciones de mi Abba y mi hija


Como la falta de tiempo se vuelve una constante que impide pensar, leer, estudiar, escuchar y otras cuestiones que permiten que a uno se le ocurran cosas para contar o escribir, voy a tener que comenzar a mostrarles directamente los "disparadores".

En el caso, les comparto dos de los últimos días de mi vida personal.

Cuando portarse mal es una necesidad

Era un día de esos donde las dos niñas se confabulan para portarse mal todo el tiempo, en todo momento, sin prisa, sin pausa.

Lo desgastante de ese tipo de situaciones es tener que retar, dar chirlos, sermonear, etc. A uno le queda la sensación de que los pocos momentos que tiene para "disfrutar" a las gorditas se pasan entre enojos y reprimendas.

En plena batalla me senté desanimado a tomar fuerzas entre reto y reto. La mayor (3 años y medio) se me acercó con aire conciliador y se produjo el siguiente diálogo:

Yo: ME ¿por qué te portas mal? (nótese lo filosófico de la pregunta).

ME: Es que si no Jesús no me perdona...

Y mientras yo intentaba decodificar la frase me la explicó:

ME: Lo que pasa es que si me porto bien Jesús no me perdona.

En ese momento no sabía si admirarme por su sabiduría con sólo tres años de edad, si ¿¡¿corregirla?!?, reirme, llorar o qué hacer. Si en el plano físico me habían vencido ahora me derrotaban en el moral.

En cualquier caso creo que estamos exagerando un poco con el Athos en aquello de la Necesidad de Sed, festejar el Viernes Santo, la miseria que llama a la Misericordia, que mucho ama al que mucho se le perdona, etc.

Se busca un pedagogo....

Jesús discrimina por "género"

En estos días tuve la gracia de poder ir a visitar a mi Abba. Es realmente bueno encontrarse con un monje de verdad, porque uno puede charlar, leer o intercambiar mails con grandes monjes pero verlos cara a cara siempre tiene un plus.

La charla derivó en una afirmación del Abba como la que sigue:

"Cristo trataba de modo muy diferente a los hombres y a las mujeres".

Son esas cosas del Evangelio en las que uno nunca repara... Y me mandó el siguiente ejercicio que comparto con ustedes:

- Comparar el trato de Cristo en los siguientes pasajes, el primero (Jn. 4):


Una mujer de Samaría fue a sacar agua, y Jesús le dijo: «Dame de beber». 8 Sus discípulos habían ido a la ciudad a comprar alimentos. 9 La samaritana le respondió: «¡Cómo! ¿Tú, que eres judío, me pides de beber a mí, que soy samaritana?». Los judíos, en efecto, no se trataban con los samaritanos. 10 Jesús le respondió: «Si conocieras el don de Dios y quién es el que te dice: «Dame de beber», tú misma se lo hubieras pedido, y él te habría dado agua viva». 11 «Señor, le dijo ella, no tienes nada para sacar el agua y el pozo es profundo. ¿De dónde sacas esa agua viva? 12 ¿Eres acaso más grande que nuestro padre Jacob, que nos ha dado este pozo, donde él bebió, lo mismo que sus hijos y sus animales?». 13 Jesús le respondió: «El que beba de esta agua tendrá nuevamente sed, 14 pero el que beba del agua que yo le daré, nunca más volverá a tener sed. El agua que yo le daré se convertirá en él en manantial que brotará hasta la Vida eterna». 15 «Señor, le dijo la mujer, dame de esa agua para que no tenga más sed y no necesite venir hasta aquí a sacarla». 16 Jesús le respondió: «Ve, llama a tu marido y vuelve aquí». 17 La mujer respondió: «No tengo marido». Jesús continuó: «Tienes razón al decir que no tienes marido, 18 porque has tenido cinco y el que ahora tienes no es tu marido; en eso has dicho la verdad». 19 La mujer le dijo: «Señor, veo que eres un profeta. 20 Nuestros padres adoraron en esta montaña, y ustedes dicen que es en Jerusalén donde se debe adorar». 21 Jesús le respondió: «Créeme, mujer, llega la hora en que ni en esta montaña ni en Jerusalén se adorará al Padre. 22 Ustedes adoran lo que no conocen; nosotros adoramos lo que conocemos, porque la salvación viene de los judíos. 23 Pero la hora se acerca, y ya ha llegado, en que los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad, porque esos son los adoradores que quiere el Padre.24 Dios es espíritu, y los que lo adoran deben hacerlo en espíritu y en verdad». 25 La mujer le dijo: «Yo sé que el Mesías, llamado Cristo, debe venir. Cuando él venga, nos anunciará todo». 26 Jesús le respondió: «Soy yo, el que habla contigo». 27 En ese momento llegaron sus discípulos y quedaron sorprendidos al verlo hablar con una mujer. Sin embargo, ninguno le preguntó: «¿Qué quieres de ella?» o «¿Por qué hablas con ella?».

El segundo es (Jn. 8):

3 Los escribas y los fariseos le trajeron a una mujer que había sido sorprendida en adulterio y, poniéndola en medio de todos, 4 dijeron a Jesús: «Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante adulterio. 5 Moisés, en la Ley, nos ordenó apedrear a esta clase de mujeres. Y tú, ¿qué dices?». 6 Decían esto para ponerlo a prueba, a fin de poder acusarlo. Pero Jesús, inclinándose, comenzó a escribir en el suelo con el dedo. 7 Como insistían, se enderezó y les dijo: «El que no tenga pecado, que arroje la primera piedra». 8 E inclinándose nuevamente, siguió escribiendo en el suelo. 9 Al oír estas palabras, todos se retiraron, uno tras otro, comenzando por los más ancianos. Jesús quedó solo con la mujer, que permanecía allí, 10 e incorporándose, le preguntó: «Mujer, ¿dónde están tus acusadores? ¿Alguien te ha condenado?». 11 Ella le respondió: «Nadie, Señor». «Yo tampoco te condeno, le dijo Jesús. Vete, no peques más en adelante».

Y estos dos hay que compararlos con (Mt. 16):


17 Y Jesús le dijo: «Feliz de ti, Simón, hijo de Jonás, porque esto no te lo ha revelado ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en el cielo.18 Y yo te digo: «Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi iglesia, y el poder de la Muerte no prevalecerá contra ella.19 Yo te dará las llaves del Reino de los Cielos. Todo lo que ates en la tierra, quedará atado en el cielo, y todo lo que desates en la tierra, quedará desatado en el cielo».20 Entonces ordenó severamente a sus discípulos que no dijeran a nadie que él era el Mesías. 21 Desde aquel día, Jesús comenzó a anunciar a sus discípulos que debía ir a Jerusalén, y sufrir mucho de parte de los ancianos, de los sumos sacerdotes y de los escribas; que debía ser condenado a muerte y resucitar al tercer día.22 Pedro lo llevó aparte y comenzó a reprenderlo, diciendo: «Dios no lo permita, Señor, eso no sucederá».23 Pero él, dándose vuelta, dijo a Pedro: «¡Retírate, ve detrás de mí, Satanás! Tú eres para mí un obstáculo, porque tus pensamientos no son los de Dios, sino los de los hombres».

Me voy a hacer mi tarea...



Natalio


martes, 18 de mayo de 2010

Ouroboros o Ascensión

“¿De verdad estamos encerrados irremediablemente
en nuestro propio círculo?”

J. Ratzinger




Beda el Venerable, monje inglés muerto en el 735, cuenta, en sus crónicas de su viaje a Tierra Santa, que la noche de la Ascensión, el monte de los Olivos parecía estar encendido en fuego, de la cantidad de cristianos con antorchas que a medianoche subían para esperar la aurora rezando, todos orientados hacia el Saliente, festejando así esta entrañable fiesta. Patriarca y clero; monjes y oblatos; hombres, mujeres y niños. Cientos, miles: todos en unívoca dirección de cara al Cielo, donde las nubes habían sido rasgadas por la Carne del Logos al penetrar las entrañas mismas de Dios, instalando a la Humanidad en los interiores de la Vida intratrinitaria. Y que prometió que del mismo lugar lo veríamos regresar.

La Cabeza –como ocurre en los partos– había salido del estrecho útero del mundo creatural para respirar el Aire increado. Y nosotros, su Cuerpo, los pies de esta Cabeza (diría Crisóstomo), habíamos iniciado el vuelo esponsal, sobre las plateadas alas del Águila de oro puro.

En este imponente Suceso –histórico y metahistórico a la vez– miríadas de ángeles avisan a las demás Potestades que alcen los portones, que levanten los dinteles, que se alcen las antiguas compuertas; pues va a hacer su entrada triunfal el Rey de la Gloria. ¿Y quién es ese Rey de la Gloria? –atreve algún Querubín. Jesucristo, el Señor –avisa con tono grave san Miguel. El Señor de los ejércitos, el héroe valeroso, vencedor del Enemigo.

Así se inaugura la Liturgia celestial, la única Realidad, cuyas sombras y figuras configuran nuestras liturgias terrenas.

Y anota san Ambrosio: “los mismos ángeles se maravillaron de este Misterio. Cristo Hombre, al que vieron poco antes retenido en estrecha tumba, ascendía hasta lo más alto del Cielo. El Hijo regresaba vencedor, cargado de una presa desconocida, de un curioso botín conquistado a la Muerte. No, ¡no es un mero hombre el que entra, sino el Mundo entero en la Persona del Redentor de todos!”

Sí: el mundo entero, anidado en el Costado inmenso de su Esposo y Señor, sube como incienso a Lo Abierto de la Inmensidad divina; a la majestuosa intemperie de un Dios desmesurado.

Geotropismo o heliotropismo: no hay mucho más en juego.

La Ascensión, dice Jean Corbón (ese gran liturgista greco-melquita), es el impulso divino que sostiene y orienta nuestro mundo. Es la Anámnesis Viviente del Único Sacerdote ante el Trono de su Padre. Ser el Cuerpo indesgajable de este Viviente constituye nuestra “posición”, nuestro lugar existencial, nuestra perspectiva y tropismo oracional. En algún sentido, ya no estamos “frente” a Cristo, sino que somos parte Suya, miembros Suyos, de cara al Padre. Como ataja y aclara san Agustín: “no es que queramos confundir la dignidad de la Cabeza con la del cuerpo, pero sí afirmamos que la unidad de todo el cuerpo pide que éste no sea separado de su Cabeza.”

Cristo, filoso puntal de la Historia, rompiendo el eón, arrastrando tras de Sí toda cautividad intramundana, es una imagen tremendamente gráfica y patente del impulso efectivo del Hombre hacia Dios. Es el rompimiento definitivo, el quiebre punzante de todo eterno retorno, de toda concepción cíclica de la Historia, de todo Sísifo, recurrente en su patética reiteración.

Cristo en ascenso, es el contra-ouroboros frente a toda religión autoreligante.

Es la aguda Cruz sobre la limada esfera. Es la salida vertical de las ruinas circulares del laberinto cósmico.

La mano tullida por el derrame del pecado, logra dejar de señalarse a sí mismo y se abre en limpia y franca plegaria coram Deo. Es la definitiva aniquilación de toda atrofiante circularidad.

Es el triunfo del Sentido; la victoria de un “¡por-aquí!”.

Y todo esto, gracias a Él: nuestro Aleph y nuestro Omega; nuestra filosa punta de lanza; el Pionero y Mayoral de nuestra Fe; el Jefe y Caudillo de nuestras batallas; nuestro amado Adelantado que inaugura Cielo y Suelo nuevos.

La Ascensión omnipotente nos arranca del polvo y nos imanta a las cosas de Arriba.

Y no; no puedo dejar de pensar todo esto en categorías litúrgicas... y alentar al imaginario de la piedad colectiva a reconciliarse con esta alineación tras las espaldas del Cristo ascendente y orante, Quien, cual la filosa quilla de un rompehielos, avanza, rasga los mil velos de los mil templos que nos separan del Padre; y rompe la tela del dulce Encuentro.

La Fiesta de la Ascensión, mucho más que en sus conceptos, en su sola expresión icónica, hace de potente antídoto a todo el ouroborismo litúrgico que nos tiene tullido y tufido el Culto; y no menos, nuestra privada plegaria solipsista.

Ante el indisimulable tufillo, ventilar es la consigna. La alternativa: abrir alcantarillas o claraboyas. Y yo digo: ¡Sursum Corda! ¡Llévanos tras de Ti!


el Athonita

martes, 4 de mayo de 2010

La Justicia y la Paz se besan


Dice Cristo en el Evangelio de hoy: "Les dejo la Paz les doy mi Paz".

Dice el Salmo 84 (hablando de la llegada del Mesías):

"...la misericordia y la fidelidad se encuentran,
la justicia y la Paz se besan;"

Dice el Salmo 71:

"... que en sus días florezca la Justicia
y la Paz hasta que falte la luna...".

Dice la Oración por la Patria (que de nuevo nos hacen rezar):

"...aborreciendo el odio y construyendo la paz"

Como es sabido, los judíos utilizan la palabra "Shalom" para designar la paz. El concepto de Shalom se repite como bendición/saludo entre ellos constantemente. También es constante el encontrar frases del tipo "construir Shalom", "edificar Shalom", "hacer Shalom" (en nuestra oración construyendo Shalom....), etc.

Hace un par de años escuchaba a un rabino explicar el significado del término Shalom. No recuerdo muy bien los términos exactos pero sí recuerdo que destilaba un muy frecuente desprecio por el mundo occidental (y cristiano, claro, porque los judíos ortodoxos no son nada ecuménicos). Decía que "Shalom" no era lo que los occidentales, y en especial los cristianos, denominaban "Paz"; que para occidente paz era ausencia de guerra o, casi como una extensión, ausencia de odio; que los cristianos tenían una caricatura de la paz, algo hippidélico. Que nada de eso era Shalom.

Y a esta altura hay que reconocer que el Rabino es muy ignorante respecto del Cristianismo y la filosofía occidental aunque bastante certero con el pensar y el "sentir" de muchos cristianos que ven una línea directa Cristo-San Francisco-John Lennon-Gandhi-Greenpeace. Esta concepción de la paz es negativa "no guerra, no violencia, no agresión, no odio, resistencia pasiva, etc.".

Por el contrario, decía el Rabino, Shalom no es negativo, es positivo. Y siguió un discurso hermosísimo sobre el sentido del término Shalom en las Escrituras, en el Talmud, en los Sabios, etc. Para no hacérselo demasiado largo se los cuento en su versión condensada, agregada y mejorada: la Paz es la tranquilidad en el orden (dice el Cristiano San Agustín). Y con eso no les estoy resumiendo toda la tradición Judía sino que le estoy sumando varios tantos. Aunque seguramente al rabino, desconocedor de nuestra tradición, la frase le hubiera parecido portentosa de haberla encontrado en la Mishná.

Pero vamos ahora a la Justicia.

Si vemos la tradición romana encontraremos que la Justicia es la "constante y perpetua voluntad de dar a cada uno lo suyo", es decir, es la virtud de dar a cada uno lo que le corresponde.

Si miramos la tradición judía (y de modo análogo la Platónica) la Justicia es virtud totalizante. No es tanto una virtud particular sino (dicho en charla de café) "la suma de las demás virtudes". El Justo es el santo y la Justicia se parece a la santidad.

Ahora bien, si la justicia consiste en dar a cada uno lo suyo podemos preguntarnos, con alguna lógica ¿y cómo sabemos qué es lo suyo de cada uno? Y la respuesta está en un lugar que ya comenzamos a explorar en este blog: la Naturaleza. Y por eso hablamos de un derecho natural como lo que corresponde de acuerdo con la naturaleza y de un orden (disposición de cosas iguales y diferentes en función de un fin) natural y de una ley natural, etc.

Y entonces si cada uno tiene lo suyo (Justicia) dispuesto en función del fin (Orden) nos encontramos con que existe "tranquilidad en el orden" (Paz) y entonces sí: "la justicia y la paz se besan".

Y entonces los judíos desde su propia tradición arriban a algo muy similar y dicen: cuando esto pase se cumple el Salmo y viene el Mesías. Con lo cual volvemos a una idea recurrente en el judaísmo que ya les conté: la construcción de Shalom es lo que hace que venga el Mesías, cuanto antes se construya el Shalom antes viene el Mesías, haciendo el bien llamo al Mesías.

Y por eso repiten y se repiten que hay que construir Shalom. Hay que construir la paz (y nuestra oración repite....).

Todo muy lindo pero les falta una parte de la película ¡El Mesías ya vino, nació, murió y resucitó! ¡Aleluya!

Y nos trajo la Paz que no viene del mundo sino de arriba. Los judíos construyen la paz de abajo nosotros difundimos la Paz de arriba porque la Paz de Cristo no es la que da el mundo. No hay que construir la Paz hay que difundirla.

¿Y lo de la naturaleza? Está todo muy bien y sigue siendo así. La Gracia (por la que nos llega la Paz) es también Naturaleza dice Santoto, es segunda Naturaleza.

¡La Paz contigo peregrino!

Natalio

Pd: Otro día volvemos sobre el "Buca la Paz y corre tras ella".


martes, 27 de abril de 2010

Lactancia eucarística


En su momento comenzamos y explicamos la idea a desarrollar con citas del libro "Dominus Est, Reflexiones de un obispo de Asia central sobre la Sagrada Comunión". De Mons. Athanasius Schneider.

Hoy sigo y voy eligiendo citas a mi antojo:

"El gran Papa Juan Pablo II en su última encíclica intitulada Ecclesia de Eucharistia, dejó a la Iglesia una ardiente admonición que suena como un verdadero testamento:


Debemos estar atentos con todo esmero en no atenuar alguna dimensión o exigencia de la Eucaristía. Así nos mostraremos verdaderamente conscientes de la grandeza de este don. [...] ¡No hay peligro de exagerar el cuidado que debemos a este misterio!" (n. 61)..."

"La palabra de Cristo que nos invita a acoger el reino de Dios como niños puede encontrar su ilustración, de modo muy sugestivo y bello, también en el gesto de recibir el Pan Eucarístico directamente en la boca y de rodillas. Este rito manifiesta en modo oportuno y feliz la actitud interior del niño que se deja nutrir, unida al gesto de humildad del centurión y al gesto de estupor adorante..."

"Es posible suponer que Cristo durante la Última Cena haya dado el pan a cada Apóstol directamente en la boca y no sólo a Judas Iscariote. Efectivamente existía una práctica tradicional en el ambiente de Medio Oriente en el tiempo de Jesús y que aún se conserva en nuestros días: el anfitrión nutre a sus huéspedes con su propia mano poniendo en su boca un pedazo simbólico de alimento.

"Otra consideración bíblica no las da el relato de la vocación del profeta Ezequiel. Ezequiel recibió la palabra de Dios, simbólicamente, directamente en la boca: "'Abre la boca y come lo que te presento'. Miré y vi una mano tendida hacia mí que tenía un rollo. [...] Yo abrí la boca y me hizo comer el rollo. Lo comí y fue para mi boca dulce como la miel"...

"Cristo nos nutre verdaderamente con su Cuerpo y su Sangre en la Sagrada Comunión, lo que en la edad patrística era comparado a la lactancia materna, como lo muestran estas sugestivas palabras de San Juan Crisóstomo:


Con este Misterio Eucarístico Cristo se une a cada fiel, y aquellos a los que ha
generado los nutre Él mismo sin confiarlos a nadie más. ¿No veis con qué impulso
los recién nacidos acercan sus labios al pecho materno? Pues bien, también
nosotros aproximémonos con tal ardor a esta Sagrada Mesa y al pecho de esta
bebida espiritual. ¡Es más, hagámoslo con un ardor mayor que el de los
lactantes!


"El gesto de una persona adulta que se arrodilla y abre su boca para dejarse nutrir como un niño, corresponde de manera feliz e impresionante a las admoniciones de los Padres de la Iglesia sobre la actitud que hay que tener durante la Sagrada Comunión, es decir: 'cum amore ac timore!'"

Natalio

jueves, 15 de abril de 2010

Al pan pan y a la Hostia Matzá


Hace un tiempo, para el Domingo de Ramos para más precisiones, el admirado Todoerabueno escribía en un post lo siguiente: "Pero volviendo a la sinceridad litúrgica. A mí me gusta que el pan que se va a consagrar parezca pan, y no una cartulina. Y me gusta que el vino parezca vino (de ese vino oscuro, espeso y dulce), y no ese agüita que se usa para no manchar los purificadores."

Me dejó pensando mucho en como la hostia no parece verdaderamente pan.

El tiempo pasó y llegó la Pascua que me encontró en la Abadía de Victoria en una misa celebrada por un obispo. Recordó allí la Pascua como la Fiesta de los panes ázimos y a Cristo como el pan de puro trigo.

Y ahí todo me vino a la cabeza con la ebullición del sentido del Pesaj, la Pascua, la Fiesta de los Panes Ázimos, el Bar Mitzva, Todoerabueno y varios más...

Dice el Éxodo: No me ofrecerás con levadura la sangre de mi víctima. (Ex. XXIII, 18).

La idea del Cordero Pascual inmolado e inmaculado se encuentra intimísimamente vinculado en el judaísmo con el Matzá (el pan ázimo). El Matzá se opone al Jametz que es todo alimento que tiene levadura. La levadura representa el ego, la ambición, el orgullo (por eso aquello de "cuidaos de la levadura de los fariseos") o, más amplio, toda inclinación al mal. El Matzá es el pan puro, sin mancha, inmaculado. Nadie puede pretender estar completamente libre de Jametz pero la fiesta de Pesaj es una fiesta en la cual se intenta despojar el alma de todo resto de levadura espiritual. Hostia, Víctima, Pan, Ofrecimiento se unen en una misma tradición.

Pero vamos a nuestra Eucaristía.

Cristo en la Última Cena celebra el Seder que es la cena con la cual se abre la semana de Pesaj.

Durante el Seder se pone sobre la mesa el cordero pero se come el Matzá (Pan sin levadura). Es decir, desde la tradición judía no cabe duda que Cristo insitituye la Eucaristía con Matzá. Es más, el Matzá utilizado en el Seder suele ser el de trigo puro (el cereal de mejor calidad). A diferencia del Matzá común (que por definición no puede tener el mínimo contacto con agua que podría hacerlo leudar y convertirlo en Jametz) el utilizado en el Seder es uno especial que está en contacto con el vino.

Que Cristo diga con el Matzá en la mano "esto es Mi Cuerpo", o este es el Cordero de Dios, o esta es la Víctima es la figura más normal y adecuada para el Seder como apertura del Pesaj. El texto bíblico de la fiesta es el citado: No me ofrecerás con levadura la sangre de mi víctima. (Ex. XXIII, 1).

Las figuras e interrelaciones entre Jametz (alimento leudado en alguna forma) y Matzá (alimento sin rastro de leudado) se tornan infinitas y con diferentes aplicaciones espirituales. La levadura, como las malas inclinaciones, actúa sola y se extiende por toda la masa mientras que el Matzá requiere de millones de cuidados (por ej. no amasarlo tanto que el calor haga leudar la masa, que el agua no toque el trigo, etc.).

Por eso la fiesta de la Pascua está precedida por una lucha encarnizada contra toda impureza del ego y del orgullo que se escondan en el corazón. El pesaj los debe encontrar blancos y sin contaminación alguna.

En este sentido la halajá (costumbre con fuerza de ley) prescribe que la noche anterior al comienzo del Pesaj se debe buscar meticulosamente, centímetro por centímetro, rastros de alimentos Jametz (migas de pan, galletitas, caramelos, etc.) por toda la casa. Incluso se esconden pequeños panes en rincones ocultos para que sean buscados y hallados por los integrantes de la familia. La idea es que del mismo modo en que se escudriña cada rincón de la casa se debe buscar y escarbar en cada rincón del corazón buscando restos del Jametz del amor propio, del orgullo, etc.

Cuando en mi primera Comunión me levantaba para ir a recibirla mi madre susurró en mi oído una oración que repito todavía en cada paso hacia Cristo: María llama de amor prepara mi corazón para recibir a Jesús. Y al caminar rezando la veo a la Madre escondiendo restos de Jametz, como las madres judías antes del Pesaj, fregando hasta el hartazgo cada centímetro. La veo presurosa trabajando en el desastre cual ama de casa ante la inminencia de una visita importante.

Y es que el que espera es el Pesaj, la Hostia inmaculada, la Víctima inmaculada, el Matzá más sagrado, el Cordero Pascual, el Rey, el Puro.

En Cristo no hay Jametz, es puro trigo del mejor.

Es pan y no es pan, es Matzá.

Natalio